Las medidas que está tomando el gobierno para intentar paliar el desastre social, económico y financiero que le dejó la administración del lavador offshore Mauricio Macri, pueden tener “buenas intenciones” según los parámetros de la progresía vernácula, pero tratando de analizarlas lo más objetivamente posible, generan más incertudimbres que certezas.
Un aspecto que puede ser una Caja de Pandora es el impuesto al dólar del 30%, lo que de hecho encareció la divisa en ese porcentaje y constituye una virtual devaluación de nuestro peso.
La cuestión es que puede ser correcta una medida semejante para empezar a romper la maldita cultura de los ahorristas de este país, que atesoran en la moneda yanki.
Pero si se ataca esa cultura de los ahorristas sin hacer lo mismo con la “otra cultura” que se maneja con el verde billete, la de las corporaciones multinacionales formadoras de precios, semejante política puede producir una disparada que va a terminar afectando los bolsillos de los más humildes y de los asalariados en general.
Es decir: gravar con un 30% de impuesto al dólar, sin al mismo tiempo imponer un control de precios, es jugar a la ruleta rusa con el arma cargada con más de una bala.
Se enoje quien se enoje, esto es una posibilidad que no puede soslayarse.
Y en un país que se parece mucho a un polvorín, dejar abierta la posibilidad a cualquier tipo de chispa sólo contribuye al estallido.
Otro aspecto cuestionable de las políticas de “solidaridad” que ha lanzado el gobierno es la que refiere al sector de los jubilados.
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