Esta nota de Jorge Altamira provocó la inmediata reacción de los reaccionarios, valga la redundancia, y como acostumbramos la publicamos sin tocar una coma, para que no ganen los autoritarios ni siquiera ni tantico así.
La derrota apabullante de Mario Negri, el candidato de Cambiemos, en las elecciones de Córdoba del domingo pasado ha expuesto la disgregación creciente del campo macrista cuando falta un mes apenas para la inscripción de las listas de candidatos que intervendrán en la elección nacional. Un espacio vacante del macrismo o una división de Cambiemos privarían al gobierno del poder político mínimo para abordar la presión devaluatoria, la carestía incontrolada y la fabulosa crisis industrial. Por otro lado, se acentuaría la incertidumbre sobre el desenlace de las elecciones, con todas las consecuencias que esto acarrearía en el campo financiero y en el acuerdo con el FMI.
Córdoba expuso en forma anticipada este tipo de escenarios en la división del bloque macrista, entre dos radicales Negri y Mestre y Juez en la provincia y en el distrito capital. La provincia que le dio el triunfo a Macri en 2015 giró ahora 180 grados. A finales de mayo próximo, la convención de la UCR deberá decidir, precisamente, si el radicalismo sigue o no en Cambiemos, y la posibilidad de que sufra una división cualquiera sea la decisión que tome. Una parte de la UCR se encuentra negociando con Lavagna un frente de “unión nacional” de características inciertas, que no tiene el guiño de los renovadores de Massa ni todavía el de otros sectores no kirchneristas. Los gobernadores que ya fueron consagrados en ocho provincias, incluidos los peronistas, se encuentran también divididos en cuanto a qué candidatura nacional adherir. En medio de estos ajetreos, los gurúes financieros insistieron en pronosticar acerca de la ingobernabilidad en que quedaría Argentina con un futuro gobierno minoritario en el Congreso y en las provincias y con vencimientos de deuda pública impagables.
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