
Imaginemos un mundo donde Lenin y los bolcheviques hubiesen dicho, ante el intento de derrocamiento del gobierno provisional por parte de Kornílov: “no nos metamos, son lo mismo” , en lugar de “por sobre el hombro de Kerensky dispararemos contra Kornílov, sin dejar de luchar por ello contra el gobierno provisional”…
Muy posiblemente, la Revolución Rusa nunca hubiese existido.
En Brasil se dirime el futuro de la Región en el próximo balotaje, cuando el pueblo del hermano país deba elegir entre el progresismo conciliador del PT encarnado en la figura de Haddad, y el peligro fascista de Bolsonaro.
Muchos revolucionarios hemos denunciado, apoyados en nuestra ideología, las miserias del progresismo conciliador no sólo en Brasil, sino en toda Nuestramérica: esos procesos, que durante los dos primeros decenios del siglo 21 fueron hegemónicos en la Región, sólo han podido “repartir” algunas de las migajas que se caían de las mesas de los poderosos, fomentando en realidad un monumental saqueo a los pueblos, a la vez que incrementaban la riqueza de las corporaciones y sostenían sus privilegios. Esos procesos que en lugar de combatir al capitalismo lo apuntalaron, terminaron en el hartazgo de gran parte de la población que gobernaron, sus líderes procesados y creando las condiciones para el surgimiento de gobiernos de derecha explícita. Hemos sido críticos y seguimos sosteniendo que no son el camino para la liberación de las masas laboriosas y marginadas de nuestro subcontinente.
Sin embargo, la coherencia en política no significa intransigencia y necedad táctica ante los diferentes escenarios y los cambios en la realidad concreta que van surgiendo de la propia dinámica de la lucha de clases: algunos tenemos en claro que no todo es lo mismo.
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