Dos gotas de agua

La militancia de la negación pura te dirá que no. Que no es lo que parece, que Solá y Bolsonaro no son lo mismo, que la foto, los abrazos y los mimos entre los represores son solo protocolares. Como siempre, los que no tienen mejor idea que darle más poder al poder volverán a defender lo indefendible. Ayer te decían que algunos eran la peor basura, pero si su jefa millonaria les dice que ahora son buenos, no tienen la capacidad de la menor crítica y agachan la cabeza para someterse voluntariamente al arbitrio de los que se reunuen con los fundidores de paises en sus consorcios de Puerto Madero.

Solá ya no es más el instigador del crimen de Avellaneda, ni siquiera se acuerdan que nos dejó el regalito de Monsanto a la que él y luego su jefa por un tiempo, nos metieron a Monsanto hasta en la sopa. Y seguramente ahora Bolsonaro será un hermano presidente más sin importar lo que se dijo.

De Bolsonaro ya dijimos mucho, tanto que no tenemos más adjetivos para caracterizar el grado de abominación que nos produce su figura. Algo que al parecer compartíamos todos, aunque ahora parece que no tanto. Entre otras tareas de acercamiento que se llevó el Canciller argentino, surgió una que era de esperar, la propuesta del encuentro entre Bolsonaro y Fernández el 1° de marzo en Montevideo en ocasión de la asunción del nuevo presidente uruguayo Luis Alberto Lacalle Pou. El viaje fue un éxito y el gobierno argentino parece haber logrado restablecer las relaciones bilaterales con el Brasil, un hecho que seguramente los cagatintas locales de Estado dirán que es una muestra del pragmatismo de la gestión de Alberto Fernández. Sí, pragmatismo, ese eufemismo que usan siempre que transan o se bajan los pantalones los de arriba con los que tienen el capital.

Seguramente se llevarán bien, ya que tanto Solá como Bolsonaro no le temen al uso de la pólvora con los de abajo y ser sumisos con los de arriba. Nadie más adecuado para esta misión que el mismo Solá con los buenos oficios del embajador en el Brasil, otro amigo de las fuerzas represivas, Daniel Scioli. Todo parece estar bien, no importa lo mal que huela en el universo de las relaciones exteriores del peronismo.

Solá: de agente de Monsanto y responsable del asesinato de Kosteki y Santillán a mandadero de los K para calmar las aguas con el abominable Bolsonaro.

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