
Estamos asistiendo a un espectáculo de una miseria intelectual y ética que espanta. Por un lado, tenemos a un Gobierno que, con la excusa de la “operación rusa”, ha decidido instalar una Aduana Ideológica en la Casa Rosada. Manuel Adorni, ese frontman del desprecio que se regocija en el sarcasmo mientras firma la sentencia de muerte del acceso a la información, ha decidido que el camino es la censura.
Lo de Adorni es de una torpeza histórica. Prohibir el ingreso de acreditados y diputados bajo el pretexto de la “seguridad nacional” es el manotazo de ahogado de quienes no saben debatir. No se puede declarar una guerra total contra el periodismo basándose en cinco misiles de cartón mojado que tiró una red de trolls extranjeros. Adorni no protege a la Argentina; usa el ruido de Moscú como la excusa perfecta para silenciar las preguntas incómodas de Buenos Aires. Es el odio confeso a la libertad de prensa disfrazado de protocolo de seguridad.
No vamos a avalar nunca ningún tipo de censura del Estado, al cual combatimos a diario, aniquilando a diario a sus parapoliciales; por lo tanto, la acción de una persona de la catadura moral y confiabilidad de Manuel Adorni de censura por la excusa que sea, no solamente la repudiamos sino que además nos produce náuseas.
Visits: 0