El Precio de la Infamia: el Bozal de Adorni y los Dólares de Putin

Estamos asistiendo a un espectáculo de una miseria intelectual y ética que espanta. Por un lado, tenemos a un Gobierno que, con la excusa de la “operación rusa”, ha decidido instalar una Aduana Ideológica en la Casa Rosada. Manuel Adorni, ese frontman del desprecio que se regocija en el sarcasmo mientras firma la sentencia de muerte del acceso a la información, ha decidido que el camino es la censura.

Lo de Adorni es de una torpeza histórica. Prohibir el ingreso de acreditados y diputados bajo el pretexto de la “seguridad nacional” es el manotazo de ahogado de quienes no saben debatir. No se puede declarar una guerra total contra el periodismo basándose en cinco misiles de cartón mojado que tiró una red de trolls extranjeros. Adorni no protege a la Argentina; usa el ruido de Moscú como la excusa perfecta para silenciar las preguntas incómodas de Buenos Aires. Es el odio confeso a la libertad de prensa disfrazado de protocolo de seguridad.

No vamos a avalar nunca ningún tipo de censura del Estado, al cual combatimos a diario, aniquilando a diario a sus parapoliciales; por lo tanto, la acción de una persona de la catadura moral y confiabilidad de Manuel Adorni de censura por la excusa que sea, no solamente la repudiamos sino que además nos produce náuseas.



La Estafa del “Doctor” de Bergen

Del otro lado del mostrador el olor a podrido es insoportable. Mientras el Gobierno pone el bozal, hay una parte de la prensa “nacional y popular” que ha demostrado que su lealtad tiene un precio de liquidación. La supuesta “conciencia soberana” de ciertos medios termina donde empieza el sobre

Nos propusimos investigar a fondo a ese tal Manuel Godsin, el supuesto académico noruego que firma notas en RealPolitik, Diario Registrado y C5N y resultó ser un soberano fantasma. No existe en la Universidad de Bergen, no existe en Oslo, y sus libros no están en ninguna biblioteca del mundo. Es un perfil de laboratorio creado por la inteligencia exterior rusa para “inyectar” basura geopolítica en nuestro debate público.

Lo más indignante no es que los rusos nos quieran vender fruta; lo indignante es que los portales locales la compran por dos mangos, carecen por completo de dignidad, son ratas de bajo presupuesto.

Según los documentos filtrados y la lista que tenemos sobre nuestro escritorio, la dignidad de estos medios cuesta entre 550 y 2500 dólares. Una ganga. Putin debe estar matándose de risa: le salió más barato comprar la línea editorial de media docena de medios argentinos que pagar el combustible de un convoy en el Donbás. La corrupción de nuestra prensa cuesta menos de un cuarto de millón de dólares. Una estafa a cielo abierto.



La farsante siniestra de “Mamá Rusia”

A los que nos quieren vender que Rusia es el aliado estratégico contra el imperialismo británico, les digo: despierten. Rusia no es amiga de nuestra gente; es amiga de sus propios intereses petroleros y de su expansión imperial.

Hay una verdad histórica que los “intelectuales” de pauta prefieren ignorar: Rusia, ni antes como URSS ni ahora como Federación, usó jamás su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de la Argentina por el tema Malvinas.

  • En el 82, la Unión Soviética se lavó las manos. Se abstuvieron en la Resolución 502 que nos exigía el retiro de las islas, dejándonos a merced de la flota británica mientras seguían cobrando sus granos.
  • Hoy, Rusia usa el argumento de la “autodeterminación” en Crimea para justificar sus invasiones. Es exactamente el mismo argumento que usan los ingleses para mantener la ocupación en nuestras Islas Malvinas.

Rusia prefiere hacerle la fellatio a Londres en los pasillos de la ONU antes que reconocer un derecho soberano que le arruine sus propios planes de conquista. Y mientras tanto, acá tenemos medios que, por unos billetes de pauta, le lavan la cara al Kremlin y le regalan a los ingleses el sustento jurídico para quedarse en el Atlántico Sur.



Fuego Rasante Siempre

Aquí nunca nos vamos a callar. Repudiamos la censura de un Adorni que se cree dueño de la verdad, pero también denunciamos a los mercenarios que se venden por una pauta extranjera de cuarta categoría.

La soberanía no se defiende con censura ni se vende por dólares manchados de caca rusa.

El pueblo nos contempla y la historia no perdona a los que, por miedo o por plata, traicionan el oficio y a nuestra gente.