
Mientras el mundo contiene el aliento mirando el hongo nuclear en el horizonte de Oriente Medio, el “León” criollo ha completado su tour de genuflexión más ambicioso. No fue una gira diplomática; fue una feria americana de soberanía.
Desde los salones dorados del Doral, donde aceptó con risas que el patrón no piensa aprender su “maldito idioma” y se ofreció como escudo con otros genuflexos de la región, hasta el asfalto frío de Nueva York, Milei ha ido a ofrecer lo que no es suyo: nuestros glaciares, nuestro litio y nuestro futuro, todo a cambio de una “moneda” que Wall Street retacea mientras cuenta sus barriles de petróleo.
Aún así, el plato fuerte nos espera en Chile el 11 de marzo. Allí, entre abrazos de “socios estratégicos” y el silencio cómplice sobre nuestras Malvinas, se termina de sellar un eje que huele más a subordinación que a libertad.
Desmenuzaremos punto por punto cómo se están liquidando los “huesos de la abuela” mientras nos venden espejitos de colores en el Cono Sur.
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