El eje del conflicto hoy no es solo la falta de fondos, sino el desprecio por la seguridad jurídica. El Congreso sancionó y ratificó la Ley de Financiamiento Universitario, pero el Gobierno se niega a aplicarla.
Por eso, el reclamo de la comunidad universitaria escaló hasta la Corte Suprema: es un pedido desesperado para que la Justicia frene la arbitrariedad de un Ejecutivo que ignora una ley vigente y judicializada.
Mientras la Plaza de Mayo se colmaba de ciudadanos que ven en la universidad pública el último motor de ascenso social —con una matrícula que creció un 15% este año sin un solo peso de refuerzo presupuestario—, la respuesta oficial fue ratificar un recorte de 78.000 millones de pesos.
Obviamente que ni Trumperizar, paciente cero de esta ola de odio, ni Agarrá la Pala, ni INDIGNADO, ni ninguno de estos parapoliciales salieron a retractarse. Ni lo van a hacer. Los desmintió hasta Chequeado.
Para esta red de fanáticos, el fin siempre justifica los medios, incluso si eso implica defender a un acosador con tal de atacar a la Educación Pública.
La verdad y la justicia los condenan, pero ellos prefieren seguir inventando relatos para alimentar a sus seguidores más irreflexivos.
Desmentida vergonzosa a Les Parakes de la Ultra por Chequeado
La “libertad” que pregonan no es más que la impunidad de violentar a los demás bajo el disfraz de una falsa persecución política.
Contraatacan reivindicando a Videla, diciendo que se quedó corto: reivindican el horror y después se quejan de que les digan lo que son: unos cerdos fascistas que no se fijan en gastos para defender a ese abusador serial llamado “Papá Estado”.
Incursionando un poquito por el Fenómeno Colapinto
La carrera en Miami no fue solo una competencia, fue la validación del “poder real” dentro del garaje de Alpine.
El Factor Briatore: La imagen del 3 de mayo corta cualquier debate de raíz. Cuando Flavio Briatore —el tipo que volvió a Enstone para que dejen de jugar a las carreritas y empiecen a ganar— festeja un octavo puesto (luego séptimo) con esa efusividad, el mensaje es para los de afuera: el piloto cumplió con creces. Si la cuenta oficial lo etiqueta como “el jefe”, es porque el valor estratégico de este resultado excede los puntos; es la paz necesaria para los ingenieros.
El ritmo de Enstone: Por fin se notó el laburo de la fábrica. Las mejoras y los repuestos de los que tanto veníamos hablando hicieron la diferencia. Franco no solo manejó; administró un auto que respondió tras el caos inicial. Mientras Gasly masticaba la amargura del abandono por culpa de Lawson, Colapinto se convirtió en el único estandarte del equipo, demostrando una madurez que asusta para su tiempo en la categoría.
El Blindaje de Oro: Lo de Messi y Bizarrap en el garaje no es una fotito para el Instagram. Es el uso del magnetismo absoluto para blindar un fenómeno que ya trascendió lo deportivo. Alpine registra esto para avisarle al mundo que Enstone es hoy el epicentro de una mística que une a los mejores. El mensaje es claro: Franco no es un piloto de paso, es el comienzo de una nueva era de influencia.
Al final, este ascenso administrativo por la sanción de 20 segundos a Leclerc es el premio a la constancia. Mientras los ‘consagrados’ se mandan macanas de principiantes, el pibe de Pilar sigue sumando y consolidando su lugar en la conversación grande.
Sabe a gloria porque premia al que se queda en pista y mantiene el ritmo cuando las papas queman.
Quédense con el show de las celebridades si quieren, nosotros nos quedamos con la certeza de que el potencial de la fábrica se recuperó.
Lo de Miami no fue casualidad, fue la confirmación de que hay piloto, hay equipo y, sobre todo, hay un hambre que en la Fórmula 1 hace rato no se veía.
En nuestro caso, apretarnos por la pauta es una idiotez y lo saben. Conocen nuestro lema y nuestro credo:
¡NUNCA ESTADO, JAMÁS PATRULLA!
Desde este lugar podrán odiarnos más que suficiente y ojalá lo hagan con más pasión. El odio limita y el Estado y sus Parakes son demasiado fáciles cargando con el peso muerto de sus propias neuronas desenfocadas: las que les queden.
La verdad no se negocia, y la soberanía de la palabra tampoco. Si no hay pauta, habrá convicción y la voz de los que siempre quedaron afuera.
Lo de Preska no es justicia, es una cacería asistida. Que le permitan a un fondo de inversión usar tu propia información confidencial para embargarte es la humillación final para un país que entregó su soberanía jurídica hace décadas.
Preska resiste tenazmente en Manhattan mientras acá la política sigue mirando para el costado por que, seguramente, nadie se adjudicará esta derrota, como todas ellas es huérfana de padres políticos.
Burford no se rinde porque sabe que tiene a la jueza de su lado sosteniéndole los trapos, y ahora tiene también nuestros secretos bajo el brazo.
El “Derecho de Pernada” ya es oficial: A la Argentina hoy le sacaron lo que quede en ese juzgado de lo que sea parte del derecho de defensa.
La exposición de Gebel en su BMW con custodia no es un hecho aislado, sino la confirmación de que la estructura estatal no tolera competencias en el mercado del mesianismo. Cuando el “Mesías Peroncho” intenta jugar el mismo juego que llevó a su mecenas al poder, los “Parakes” reaccionan con la virulencia de quien ve amenazado su último refugio narrativo.der, los “Parakes” reaccionan con la virulencia de quien ve amenazado su último refugio narrativo.
Llegados a este punto, la arquitectura de la demolición queda expuesta en toda su precariedad ética. Lo que hemos descripto en estas páginas no es una crisis financiera fortuita; es un crimen de diseño.
La secuencia se repite con la precisión de una ejecución: el Presidente mastica el entripado de su propia inferioridad académica, Pettovello redacta el certificado de asfixia bajo el disfraz de un falso federalismo, y Les Parakes de la Ultra salen a ladrar una “transparencia” que no practican para encubrir un saqueo que no comprenden.
En definitiva, lo que está en juego trasciende las partidas presupuestarias del 5 de mayo. Lo que se intenta desmantelar es la idea misma de que el conocimiento puede ser libre, público y, sobre todo, autónomo del capricho de un mentecato con poder de firma.
La servidumbre voluntaria de Les Parakes de la Ultra —esos que hoy hacen quedar a Brancatelli como un amateur del pensamiento crítico— solo sirve para alimentar una realidad paralela. En esa ficción, el despojo es “justicia” y el vaciamiento de los hospitales escuela es “eficiencia fiscal”.
Sin embargo, la historia tiene una memoria que el algoritmo no puede borrar. Mientras el Gobierno insiste en su tenacidad de odio, la Universidad de Buenos Aires resiste con la inercia de su prestigio y la urgencia de sus pacientes.
El Presidente puede elegir seguir contaminando fecalmente la política de Estado, pero no puede legislar sobre la dignidad de quienes se niegan a ser los figurantes de su revancha personal.
Cerramos este informe con una certeza: el “superávit” que festeja el oficialismo se sostiene sobre el lucro cesante de la salud y la educación nacional. Es un superávit de muerte y de ignorancia, aplaudido desde la tribuna del cinismo por Les Parakes de la Ultra.
Seguiremos escribiendo y seguiremos pulverizando sus mentiras con datos, porque frente a la ceguera de una gestión que prefiere el bombardeo financiero antes que el aula, nuestra única trinchera es la palabra.
Teniendo en cuenta la vagancia de Les ParaKes de la Ultra, de querer más dinero si quieren desde el Estado material nuevo, no es raro que se repitan.
También las faltas de capacidades de pensar en todo los parapoliciales, los llevan a repetir con descaro.
Lo cierto que el patetico video de D’Elía diciendo que él es Irán parece que lo van a reciclar una vez al mes.
Todo sea por cumplir sin trabajar y servir al Estado diciéndose liberales, mientras actúan como fascistas de lo peor.
Dicen que el público se renueva, aunque en lo que respecta a las neuronas de estos personajes, solamente envejecen y se mueren por la falta de uso.
Estigmatizar cada día a D’Elía garpa bien parece.
Publicado el: 2:20 p. m. · 2 may. 2026
🚨🇦🇷🇮🇷 | BASURA: El terrorista islámico Luis D'Elia llamó a sus compañeros kirchneristas a apoyar al régimen iraní en la guerra contra Estados Unidos mientras confirmó que oficia como su representante en el país.
El sello de Briatore: La validación del poder real en Alpine
Mucho se podrá especular, pero la imagen del 3 de mayo de 2026 corta cualquier debate de raíz. Cuando Flavio Briatore —el hombre que volvió a Enstone para tomar las decisiones de peso— aparece festejando con esa efusividad, el mensaje es claro: el piloto cumplió con creces.
La cuenta oficial de Alpine lo etiqueta como “el jefe”, y no es para menos.
Ver a Briatore celebrando un P8 demuestra que este resultado tiene un valor estratégico que va más allá de los cuatro puntos; es la confirmación de que el trabajo de la fábrica y la ejecución en pista están finalmente alineados.
Lo más indignante ocurrió cuando el Jefe de Gabinete se refugió en el hermetismo para no dar explicaciones sobre sus bienes:
Turismo familiar de élite: Calificó como “invitación discrecional” de Presidencia los viajes de su esposa a Miami y Nueva York, mofándose de los pedidos de informes.
El Agujero Negro Patrimonial: Se negó a dar detalles sobre su fortuna, escudándose en que la información sensible reside en el “Anexo Reservado” (Formulario 1246) de la Oficina Anticorrupción.
Evasión de plazos: Admitió que todavía no presentó su última Declaración Jurada integral bajo la excusa de que “aún no venció el plazo”.
Censura Legislativa: Instó a los diputados a no investigar causas en trámite, enviando cualquier sospecha de conflicto de interés al cementerio de los expedientes judiciales.
La lealtad ciega de Milei hacia su Vocero convertido en Ministro ha transformado al Estado en un escudo para proteger lo que juraron destruir: los privilegios de una casta que viaja, gasta y oculta su patrimonio mientras el resto del país paga la fiesta.
Es, por lejos, una degradación ética mayor a la de cualquier gestión anterior.
Javier Milei en su hábitat natural, premiado por los suyos mientras el país afuera cruje. El “Premio Libertad” es el seguro de vida de una casta que encontró en el León al ejecutor perfecto de sus negocios. No es libertad lo que promueven, es el derecho al saqueo con guante blanco.
Mientras ellos celebran en cenas de gala, nosotros seguimos del lado correcto de la mecha, registrando la entrega de un gobierno que cree que gobernar es dar palos y llamar a eso libertad.
La historia no se escribe en salones de etiqueta, se escribe en la calle, y allí el León no tiene quien lo premie.
El conflicto estalló tras un informe televisivo que mostró imágenes internas de la sede de gobierno. La respuesta fue un zarpazo autoritario: una denuncia penal inmediata impulsada por la Casa Militar bajo la carátula de espionaje ilegal.
El verdadero atropello ocurrió en el sistema de acceso: en un acto sin precedentes, el gobierno ejecutó una “limpieza biométrica”, borrando masivamente las huellas dactilares de todos los periodistas acreditados.
Neutralizaron el ingreso de todo el cuerpo de prensa sin distinción alguna.
A esto se suma la clausura preventiva de la histórica sala de periodistas de Balcarce 50. Han dejado a los trabajadores sin espacio físico y, lo que es más grave, sin el contacto directo con la fuente de información.
Mientras el vocero presidencial justifica este cierre, su propia situación judicial por presuntas irregularidades en contrataciones y manejo de pauta expone la doble vara de una gestión que habla de transparencia mientras aplica métodos de bota militar.
Esta no es una medida aislada; es la consolidación de una política donde el periodismo que investiga es calificado de “basura” o “delincuente” por el propio presidente.
La narrativa del espionaje cae por su propio peso cuando la respuesta es el borrado de acreditaciones. La política de NOLSALP se impone por la fuerza institucional, alejando la gestión pública del escrutinio ciudadano.
Es fundamental entender que este llamamiento de odio, cristalizado bajo esa sigla desde junio de 2025, nunca fue una picardía de redes sociales.
Cuando el Estado se apropia del verbo odiar y lo convierte en consigna oficial, el escenario se vuelve criminal. No es un eslogan inocente; es la validación institucional de una persecución que hoy encuentra su punto máximo en el desalojo de los trabajadores de la Casa de Gobierno.
El cierre de la sala de periodistas y el borrado de las huellas biométricas son la firma de un régimen que le teme a la mirada ajena.
Al utilizar la excusa del espionaje para anular el trabajo de prensa, el gobierno admite que tiene mucho que ocultar.
La doctrina de NOLSALP ha pasado de las palabras a los hechos, convirtiendo la sede de gobierno en un búnker inaccesible donde la única verdad permitida es la que se dicta por redes sociales.
La libertad de expresión no se negocia, se defiende frente a quienes pretenden gobernar en la oscuridad.
A pesar de que el oficialismo intenta desviar el foco con denuncias de archivo contra Axel Kicillof o discursos sobre la seguridad en las cárceles, el “AdorniGate” es hoy una mancha que no sale con retórica.
Los números de las consultoras son alarmantes: la popularidad de Javier Milei cae, y Adorni ya no es un vocero, es un lastre.
Incluso figuras como Luis Miguel Etchevehere señalan lo obvio: “Casi no se esconden los hechos”. El cinismo del “Comandante Propóleo” —que hablaba de la casta mientras investigan si su familia viajó a Disney con fondos públicos y piden informes sobre sus cajas de seguridad— ha logrado que hasta sus propios aliados, como Cristian Ritondo, marquen una distancia prudencial.
Es fundamental recordar que este llamamiento de odio, cristalizado bajo la sigla NOLSALP desde junio de 2025, nunca nos causó gracia ni fue tomado como una simple “picardía” de redes sociales.
Cuando el Estado se apropia del verbo odiar y lo convierte en consigna oficial, el escenario se vuelve tan peligroso y criminal como cuando utiliza la palabra Patria para justificar el atropello y la muerte.
No es un eslogan inocente; es la validación institucional de la persecución, que hoy encuentra su ejecución material en el desalojo de los trabajadores de Balcarce 50.
No nos dejemos engañar por los gritos de Milei en Twitter. Mientras el León ruge para la tribuna, le entregó las llaves del gallinero al staff de Techint:
YPF está bajo control de Horacio Marín (ex-Tecpetrol).
Trabajo lo maneja Julio Cordero (ex-abogado de Techint).
Rocca no necesita golpear la puerta de la Casa Rosada, porque él tiene las llaves.
Milei es imprevisible, el pacto con Macri es el seguro de vida por si llega a andar jorobando con eso de la libertad de mercado.
Lo de Milei no es un error de cálculo; es un alineamiento regalado.
Nombrar a Navitas en el acto de Malvinas es la prueba de que el tipo está “lobotomizado” por su agenda internacional.
Prefiere ser el alumno ejemplar del sionismo global que el defensor de los intereses argentinos en el Atlántico Sur.
Argentina hoy no tiene una política exterior, tiene una sucursal de intereses ajenos atendida por su propio dueño. La fuerza del cielo resultó ser, para Malvinas, una tormenta de entrega y silencio.
Desde NEP TV los miramos de frente. Estamos Nauseades por el Estado y la Patria, hartos de su liturgia del odio y de sus formularios de desprecio. Si para decir esto hay que bancarse el juicio, la persecución o el escrache, que vengan. Nos sobran ovarios para sostener la mirada mientras ellos tienen que bajar la vista para leer su manual de instrucciones.
La historia de la cultura argentina no se escribe en los despachos de la calle Alsina ni en los formularios de los ParaKos. Se escribe con la libertad que ustedes perdieron hace tiempo.
LA SOBERBIA DE UNA MONARCA CON CELDA Y SIN PALACIO
La Audiencia de Cristina Fernández de Kirchner por la Causa Cuadernos expone una mente que no reconoce autoridad externa. Desde el primer segundo, la exmandataria despliega una gestualidad diseñada para marcar que ella dicta los silencios y el volumen de la sala.
No hay respeto por el protocolo judicial; hay un desprecio físico hacia la institución. Es el comportamiento de quien se siente una figura histórica obligada a perder minutos con terrenales que osan pedirle un documento de identidad.
La farsa comienza con la identidad. Oculta el “Elizabeth”, agrega el “de Kirchner” que nadie le pidió —buscando una validación de casta y patriarcado— y juega con una confusión sobre su edad que no es olvido, sino negación de la realidad fáctica.
Su ignorancia jurídica aflora cuando alega que sus condiciones de vida son de “público y notorio”, omitiendo la palabra conocimiento; una rustiquez que delata a quien aprendió a leer y escribir en un esquema donde la profundidad no importa si se mantiene la pose.
El manejo del micrófono como si fuera un cetro y los microgestos de hartazgo mientras el secretario lee el protocolo son señales claras: para su psiquis monárquica, el trabajador judicial es un mueble invisible.
Busca la validación de su claque o de la cámara antes que responder al tribunal. Es el Síndrome de Nathan Jessup en versión vernácula: como el personaje de Nicholson en Cuestión de Honor, su soberbia le impide aceptar que un “inferior” la interrogue. Jessup cae porque su ego es más grande que su instinto de preservación; ella camina por la misma cornisa.
Estamos ante la sombra de Bob Patiño: el abismo de la vanidad. La fiscalía no necesita astucia, solo debe llevarla al umbral de su propia inseguridad intelectual. La necesidad de demostrar una superioridad de la que carece la obliga a hablar de más, a confesar por el puro placer de decir “fui yo porque soy la única que podía hacerlo”. El desprecio por las formas es el motor que la empuja a pisar el palito.
Al final, la historia y el cine enseñan que este camino tiene un final previsible. El acusado que decide que el tribunal no tiene autoridad moral termina inmolándose en el altar de su propio ego.
El Sambenito no se lo cuelga un juez; se lo cuelga ella misma por no saber bajarse del pedestal a tiempo. Como en Guantánamo o en Comodoro Py, la realidad es ese muro que ni siquiera la soberbia más alta puede saltar.
Sostenemos una posición que no necesita de revolucionómetros: la soberanía argentina sobre las Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur es absoluta y su usurpación, una herida abierta que la clase política vernácula se empeña en infectar por unas pocas monedas.
Estamos asistiendo a un festival de la claudicación donde la retórica soberanista se utiliza apenas como una remera linda para ocultar bolsillos llenos de chelines.
No hay nacionalismo que valga cuando, puertas adentro, se gestiona la logística del ocupante con la eficiencia de un cadete servil.
El escenario en Tierra del Fuego es sencillamente nauseabundo. El peronismo fueguino, ese que se desgarra las vestiduras en los actos del 2 de abril, ha transformado el puerto de Ushuaia en una zona liberada para el negocio británico.
Han pisoteado la Ley Gaucho Rivero y la Ley Solanas para garantizarle el amarre al pirata, tapando carteles de prohibición bajo el amparo de la oscuridad y con la complicidad de cúpulas sindicales mercenarias.
Es la política del muelle: si hay libras, la Constitución es letra muerta. Mientras tanto, en Tolhuin, le dejan la luz prendida y le cuidan las baterías a radares de capitales británicos que nos vigilan la nuca.
Son una fuerza que ya se rindió, una administración que no tiene el coraje de desenchufar un cable enemigo pero sí la desfachatez de hablar de Patria.
A esta traición doméstica se suma la hipocresía oriental. Uruguay, bajo la gestión de Yamandú Orsi, ha decidido ser la estación de servicio y el hospital de campaña de la logística colonial.
Presentar un Airbus A400M de la Royal Air Force —una mole diseñada para mover tropas y blindados— como una simple “ambulancia humanitaria” es un insulto a la inteligencia de cualquiera.
Operar con el transpondedor apagado en nuestro espacio aéreo no es una misión médica, es una maniobra militar encubierta facilitada por Montevideo.
La soberanía no se negocia ni se disfraza de medicina. Ante la mentira humanitaria y el negocio del muelle, oponemos la memoria y el material probatorio de una entrega que la historia, y este canal, no van a perdonar.
Cuando la memoria es la única aliada: Uruguay miente siempre
Como venimos denunciando con documentos y registros de vuelo, la “asistencia humanitaria” es el nombre de fantasía que Montevideo le pone a la complicidad con la ocupación británica.
Ya vimos pasar al patrullero Lilibet, demostrando que el puerto uruguayo es la estación de servicio del pirata.
Ya registramos al Sir David Attenborough haciendo base en sus costas.
Y hoy, el A400M Atlas corona esta farsa: una mole militar de 37 toneladas haciendo de “ambulancia” con el transpondedor apagado.
Cada vez que Uruguay dice “humanitarismo”, la realidad les devuelve “logística colonial”. Tenemos el arsenal de pruebas para sostenerlo: Orsi no ignora lo que pasa, Orsi lo administra.
La ventaja de tener memoria es que no nos pueden vender espejitos de colores. Mientras el presidente uruguayo habla de más en las cumbres regionales, hace de menos en la defensa de la soberanía compartida.
Este vuelo es una declaración de principios: Uruguay ha elegido ser el facilitador logístico del Reino Unido en el Atlántico Sur.
Ante la mentira humanitaria, oponemos la verdad histórica y el material probatorio suficiente de esta descarada entrega de los orientales.
La soberanía no se negocia, y la traición, por más que se disfrace de medicina, sigue siendo TRAICIÓN.
2026 – Estalla el AdorniGate: el ocaso del Comandante Propóleo
Era de prever que un imbécil con una miserable cuota de poder la iba a fregar en todos los sentidos posibles; por su soberbia, por su estupidez o por creer que estaba más que blindado, Manuel Adorni terminó transformando su “coraza de sandeces” en un certificado de defunción política.
El Comandante Propóleo resultó ser un flan político y social que este Gobierno no ignora pero que prefiere parecerlo, mientras él, desde las luces de Nueva York y con una cara de piedra histórica, nos explicaba que se estaba “deslomando”. El esfuerzo de subir la escalerilla del avión presidencial —convertido en un Uber oficial para su familia bajo la excusa del “costo marginal”— parece ser demasiado para la espalda de este jefe de gabinete que, mientras le pide austeridad al jubilado, se lleva a su mujer de paseo con la billetera del pueblo porque “era su deseo”.
Esta soberbia elevada a categoría de Estado no es más que el desprecio por el que paga la fiesta, una canchereada de hotel cinco estrellas que choca de frente con la realidad de un país que ya no compra el discurso de la casta.
El estallido definitivo del Adornigate llegó con el “milagro de las jubiladas”, una maniobra de depredación que lo muestra usando la identidad de gente mayor para inyectar dólares blancos en el sistema y justificar una vida de lujos inexplicable.
Mientras el Comandante firmaba préstamos turbios de 100.000 dólares con comisarias retiradas, su mujer cerraba la compra de mansiones en countries, cerrando un triángulo de impunidad que el fiscal Pollicita ya tiene bajo la lupa.
Este personaje, al que cada día se le encuentra una propiedad nueva, no tuvo empacho en mostrar su hilacha más rancia incluso en las fechas más sagradas: en el acto del 2 de abril, quedó expuesto haciendo un playback patético de la Marcha de Malvinas, balbuceando estrofas que nunca se molestó en aprender porque, en su delirio de deidad, los caídos son simples mortales que no merecen su respeto. Para Adorni, la soberanía es un trámite ajeno y Malvinas un guion que lee mal mientras busca la próxima cámara para ensayar su sarcasmo barato.
La caída final se cocina entre la censura y el miedo; ante la falta de respuestas sobre sus activos oscuros que no figuran en la declaración jurada, el Comandante optó por el manotazo de ahogado: instalar una aduana ideológica en la Rosada y prohibir el ingreso de periodistas bajo el pretexto de una “operación rusa”.
Es el odio confeso a la libertad de prensa de quien ya no sabe cómo ocultar el olor a podrido de sus negocios inmobiliarios y sus viajecitos a Punta del Este. Adorni ya no es el vocero estrella; es un inquilino de un poder que le queda gigante, un “patova” que se refugia en el silencio judicial mientras el pueblo le saca la ficha a su estafa.
El Comandante Propóleo voló demasiado cerca del sol de la impunidad y hoy solo le queda el rastro de la infamia, recordándonos que la verdadera autoridad se gana con conducta, no con las canchereadas de un limitado que creyó que el Estado era su pyme familiar.