El Caso de Rogério Tomaz Jr., la Frustración en el Maracaná y el Código Rojo de Planalto

Introducción al Informe

A fines de julio de 2026, el parapolicial digital y militante orgánico del Partido dos Trabalhadores (PT), Rogério Tomaz Jr., ejecutó una provocación planificada contra la República Argentina.

Desde el Anexo II del Palacio de Itamaraty en Brasilia —el emblemático edificio conocido como el “Bolo de Noiva”, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil—, el operador se filmó exhibiendo el texto del Decreto N° 681/2026 impreso en las propias oficinas del Estado brasileño y lo rompió frente a la cámara.

Eso fue un acto de bravuconería propio de quien es un miserable alcahuete de Estado; algo a lo que ya estamos acostumbrados en la Argentina: que te patoteen ensobrados amenazándote con el poder de su país, todo ello porque Milei insultó a Lula (o los parapoliciales suponen que lo hizo en Brasil).

Esta práctica de Lula es el equivalente exacto a su postura respecto de la Causa Malvinas: ponerse una remerita para la gilada y para la foto militante mientras, como ya demostramos suficientemente en este espacio, su gobierno opera como un alto lacayo imperial funcional a la ocupación británica en nuestras Islas Malvinas.

Sintetizando: Lula te sonríe en público y te mata a traición si le das la chance en privado. No le importa ser esclavo del Reino Unido, lo que no quiere es que se sepa cómo realmente es en esencia.

Que alguien insulte decididamente al Gobierno de un país vecino desde las entrañas edilicias del Poder Ejecutivo permite suponer que el susodicho no es más que un parapolicial del Estado que lo apaña, actuando como brazo ejecutor de una operación de interferencia con la mirada puesta en las elecciones del próximo domingo 25.

La derecha argentina (no peronista, sí mileísta), valiéndose de un traductor automático de morondanga y de una manipulación deliberada, distorsionó el sentido del tuit del parapolicial. Al escribir “Teu país é a putaquepariu”, el uso del verbo “é” demuestra que su exabrupto iba dirigido de forma explícita al país y no a la persona de la divulgadora mendocina Kalipolis (a quien acosaba y hostigaba por otros medios). Con esta jugada patriotera, montaron el circo del “insulto a la Patria” para tapar la verdadera gravedad de su accionar machista.

En esa maniobra de encubrimiento, omitieron conscientemente que la frase rematadora, “E ainda volto a morar em Mendoza”, constituye una amenaza directa de reincidencia y acoso territorial: sabiendo que ambos compartieron radicación en la misma provincia, el tipo utilizó su conocimiento del territorio local para amedrentarla con la promesa de su retorno, una táctica clásica de stalking y hostigamiento para infundir temor en la vida cotidiana de su víctima.

Sus actos violan abiertamente las leyes de violencia de género de la Argentina, un punto que no parece preocuparle ni a Milei ni a ningún periodista ensobrado de la grieta. Esto es infinitamente más grave que un cruce en redes y no merecía una simple deportación administrativa por la puerta de atrás, sino que fuera procesado y encarcelado por violencia de género y acoso.

Como vimos en el caso de la retención e imputación de Agostina Páez en Brasil (acusada de injuria racial tras responder al acoso de varios locales en una situación claramente provocada) a una ciudadana argentina un gesto o exabrupto verbal en suelo carioca le vale la privación inmediata de la libertad bajo el peso estricto del machismo cultural del Código Penal brasileño.

En su intento por tapar la gravedad del acoso cometido, este operador recurrió al típico manotazo de ahogado del matón digital: disfrazar la agresión machista de “lucha ideológica”.

Con la prepotencia propia de quien se sabe respaldado por el aparato estatal, pretendió adoctrinar a su víctima exclamando: “«mi país» ¡las pelotas! No sos dueña de Argentina y tu gobierno facho y filonazi va a pasar, con el estafador criptochorro yendo a la cárcel junto con buena parte de sus trolls pagados con la plata del pueblo argentino”.

Un ejercicio descarado de cinismo y proyección psicológica, donde un parapolicial a sueldo de Brasilia acusa de “troll pagado” a cualquiera que le marque un límite, mientras insiste en patotear e intimidar a una ciudadana en su propia tierra.

En contraste, cuando un operador y parapolicial brasileño se despliega en Buenos Aires para hostigar y amedrentar impunemente a una historiadora, docente y pionera de la divulgación en redes como Kalipolis, la única respuesta institucional de este lado de la frontera es una tibia deportación administrativa, limpia de antecedentes penales.

En algo terminan coincidiendo las estructuras de Estado a ambos lados del río: en la naturalización del amedrentamiento y la protección de la impunidad del agresor.

Frente a la violencia de género y el hostigamiento, las diferencias ideológicas entre las administraciones de Brasilia y Buenos Aires se disuelven en la misma matriz patriarcal e institucional.

Desde Locomoción TV no podemos defender a nadie en este duelo de jetones y ParaKos AlKahuetes del Estado.

Lula y Milei son lo mismo.

Tras la firma de la resolución migratoria el 5 de agosto, hoy, 12 de octubre de 2026, al intentar ingresar al país por el Aeroparque Jorge Newbery, la Dirección Nacional de Migraciones (DNM) le notificó la cancelación de su residencia y la prohibición de reingreso por 5 años, reembarcándolo hacia Brasil.

En su propia confesión pública al ser deportado (ostentando la expulsión como si fuera un “trofeo”) este parapolicial admitió sin tapujos que su destino final era Brasilia y dejó al desnudo su confesado odio hacia nuestro país al agitar el fantasma de “no convertirnos en una Argentina”. Es la utilización de la Argentina misma como despectivo y amenaza. Y parece que hay quienes aún no ven la mano de Lula detrás de esto, y mucho menos ven el cheque.

Con esa misma matriz fabuladora, cuando tiempo atrás montó una campaña denunciando supuestas “amenazas a estudiantes brasileños en la Facultad de Medicina”, no aportó ni registró un solo testimonio ni prueba material para fundamentar sus falsas acusaciones: pura agitación paraestatal fabricada en el aire.

En Locomoción TV no practicamos la diplomacia de salón ni nos dejamos encandilar por el circo gubernamental. Este informe demuestra la correlación exacta entre los momentos de mayor humillación política y deportiva del régimen brasileño y el encendido de estas campañas de odio.

Asimismo, fijamos una posición irrenunciable sobre la respuesta estatal: rechazamos de plano el DNU 681/2026, una norma inconstitucional que, aun cuando se descargue sobre un sujeto que ejecuta el Código Rojo de su amo en el Planalto, sigue siendo un instrumento de censura arbitrario y peligroso.

Esta es la trama de cómo se cruzan los caminos de los parapoliciales de ambos países, alineándose a los bloques imaginarios a los que les sirven sus respectivos gobiernos: Lula servil a Gran Bretaña y a la ocupación de Malvinas, y Milei entregado a Estados Unidos e Israel; pero que en todo lo demás son como dos gotas de agua de un mismo Riachuelo fascista.

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