El Irreverente #65

AdorniGate: la faz política terminó con soberana derrota para Milei 

Durante meses, Adorni fue la voz oficial y el escudo de una narrativa de intransigencia que prometía combatir los privilegios.

Sin embargo, su gestión terminó exponiendo la verdadera cara de la administración: un sistema de tráfico de influencias, omisión maliciosa y gastos suntuosos que hoy son objeto de pericias contables.

Los informes sobre el AdorniGate abordarán principalmente 3 temáticas que marcan el Modus Operandi del Mileísmo que cada vez es más parecido al de sus sucesores.

  • El derrumbe del blindaje: La renuncia de Adorni desnudó la fragilidad de la estructura oficial. Ni el fuego amigo de figuras como Ramiro Marra, ni el portazo de aliados como Esteban Bullrich, pudieron ser contenidos. El “Comandante Propóleo” pasó de ser un activo indispensable a un pasivo político de altísimo costo.
  • La puesta en escena: La carta de despedida de Adorni es una pieza de cinismo puro. Utiliza la victimización como escudo, llamando “mentiras” a lo que en tribunales consta como prueba documental: sociedades en Uruguay, granjas cripto y contratos irregulares. Su mención a un “pedido especial” en Olivos funciona como una amenaza velada, dejando claro que su salida no es el fin del problema, sino un intento de enfriar las causas judiciales.
  • El abrazo de la impunidad: La imagen del triple abrazo entre Milei y Adorni durante la jura de Santilli es la metáfora perfecta de esta gestión. En lugar de desvincularse de un funcionario salpicado por el enriquecimiento ilícito, el Presidente eligió exhibir complicidad, trasladando el costo político de este blindaje a su nueva gestión.

La derrota política de Milei es total. Intentó sostener a su jefe de gabinete hasta que la realidad parlamentaria y la presión judicial lo dejaron sin margen.

El cambio de piezas, trayendo a alguien como Diego Santilli, no borra el hecho de que este gobierno, que juró destruir a la “casta”, terminó protegiendo sus propios trapos sucios con un abrazo público.

La soberbia ha pagado peaje y el incendio del “AdorniGate” no se apaga con discursos ni con nombramientos técnicos.

La justicia federal tiene ahora el mapa completo y, sin el escudo ministerial, el “simple ciudadano” Adorni deberá enfrentar la realidad de que el archivo y la ley no perdonan.

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