ADORNIGATE: FIN (NO TAN RÁPIDO)

Introducción al Informe

La renuncia de Manuel Adorni a la Jefatura de Gabinete no es un movimiento político aislado ni una decisión voluntaria dictada por un supuesto “desgaste personal”. Hasta hace unos días se deslomaba para enterrarse con la lengua como almeja y culminar hoy asegurando que se desgastó. Lo que pasó es que su desvergüenza ha dejado hace rato de ser simpática.

A las 18:38 a través de un tuit Adorni oficializó su caída, que el creé que solucionará todos los problemas. No lo pondrá de cara con el Senado de la Nación, pero no podemos decir lo mismo con los restantes poderes del Estado argentino donde su presencia como mínimo ya no será necesaria.

Es una capitulación forzada ante el avance de expedientes judiciales que ya no pueden ser contenidos por la narrativa del oficialismo. Si a eso le agregaba que la interpelación iba a aniquilar al Gobierno solamente por protegerlo, durante este sábado era de esperar la caída del devaluado referente de la Ultra gobernante.

Su salida busca instalar una cortina de humo: el Gobierno intenta que la partida de su vocero clausure la agenda del “Adornigate”, pero la realidad es que el alejamiento del cargo lo despoja de la protección ministerial que hasta hoy funcionaba como el principal dique de contención frente a las investigaciones por enriquecimiento ilícito, triangulación de fondos públicos y tráfico de influencias.

Desglosamos cómo la puesta en escena de su renuncia es, en realidad, el inicio de un penoso periplo que vanamente intenta evitar.

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