A modo de cierre (sólo por ahora)

A 50 años del siniestro Proceso, el ejercicio de recordar se vuelve un acto de rebeldía. La memoria tiene que ser incómoda, tiene que picar, tiene que señalar a los que hoy, con otros métodos, pretenden que nos olvidemos de quiénes somos.
Que este 24 de marzo sirva para entender que la libertad de verdad no se declama en un atril, se ejerce defendiendo lo nuestro. Porque un pueblo que olvida es un pueblo que se deja pisotear.
Acá, por lo visto, todavía somos muches los que no estamos dispuestos a agachar la cabeza.
Visits: 0