24 de Marzo: Memoria, Verdad y Justicia a 50 años del golpe



Cada 24 de marzo, la Argentina se detiene para conmemorar el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

En esta jornada se recuerda el Golpe y la Dictadura Cívico-Militar en 1976, el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” que asoló de las maneras más atroces posibles.

Un masacre que dejó el saldo de 30000 desaparecidos, que el Gobierno de Milei niega y que le quiere bajar el precio, hablando de una “memoria completa” que pretende morigerar el estupo que genera por siempre la barbarie del Estado y de las “castas”. Desentierran a dinosaurios como Tata Yofre, que la juegan de lo que nunca dejaron de ser: los Caínes tratando de vender una nueva mentira a cambio de miles de prebendas, un volver a la delación de personajes siniestros.

El Estado cada 24 de marzo despliega nuevas restricciones a la movilización, las cuales son desbordadas por la presencia de millones en todo el país, tantos que retroceden en cuatro patas. Por que siempre, pero siempre, cuando el Estado retrocede es por que los Derechos Humanos y la Memoria Colectiva los han derrotado.

Nuevamente, las masivas marchas en todo el país no nos permiten dar números precisos, salvo uno, uno solito, que cada 24 de marzo lleva a millones a pedir MEMORIA VERDAD y JUSTICIA: son 30000 y lo del Proceso fue genocidio.



Solo si el Estado se esconde o retrocede habrá Derechos Humanos

Pasan los gobiernos de esta farsa de democracia y crece la hipocresía de un aparato que monta Secretarías de Derechos Humanos cuando el Estado es el principal represor.

Tener una oficina pública para “gestionar” la memoria es tan perverso como lo sería una oficina de bienestar judío en pleno Tercer Reich: es el victimario administrando el recuerdo de la víctima para legitimarse en el sillón.

En los gobiernos anteriores, las Secretarías de Derechos Humanos solo sirvieron para lavarle la cara al Estado y que siga violando los Derechos Humanos, llegando a extremos de la Gestión Pietragalla que hasta quería contarnos lo que todo el mundo vio. Siendo un defensor a ultranza de los Estados, constituyéndose en el más efectivo colaboracionista-represor de la “democracia”.

Del Estado siempre hay que esperar que se supere, pero en el caso de la Gestión Milei, ya la cosa pasa a ligas mayores poniéndose a negar todo y pretender hablar de Memoria completa es la consagración de un cinismo que habla de “liberales de Estado” y de enunciar que combaten a la “Casta” al que en la práctica y evidentemente no dejan de servir.



El negocio del olvido y el popular sosegate

Hablar del 24 de marzo es también mirar cómo, décadas después, algunos todavía intentan reciclar las mismas recetas económicas que nos hundieron en los años del Proceso.

La memoria no es una pieza de museo; es un escudo contra los que creen que la la vida humana es una mercancía que se puede y se debe liquidar por monedas para servir al Estado y a la Casta.

La Plaza de Mayo hoy no solo grita por lo que pasó, grita por que ese ejercicio de memoria es fundamental, ya que es Estado cada 24 de marzo sabe dónde el Pueblo le marca la cancha y cuáles son los límites.

Lo cierto es que el Estado NUNCA se autolimita en su violencia si nadie le hace sentir que no le es conveniente y cada 24 de Marzo, el Pueblo se los avisa, por ahora por las buenas.

El olvido es la única chance que tiene el Estado para explayarse y extenderse en lo que mejor sabe hacer: acabar con las libertades públicas.



El Pueblo desborda todas las oficialidades

Como ya hace muchos años, la respuesta de la “organicidad” del Acto centralizado queda expuesta como la mentira que es: tratar de organizar lo que debe y es de hecho espontáneo, diverso e irreconciliable con el Poder y con cada tipo de sacerdotes de la Memoria Colectiva.

Nuevamente la gente se movilizó por sus propios medios, por sus propias identidades y algunos trataron de capitalizarlo con un Acto Central que tuvo mucho de querer ser Central y que no pudo lograrlo por más cámaras que les pusieran.

De esos miles de encuentros, desde Locomoción TV participamos y registramos específicamente el del Frente 29 de Noviembre, en Avenida de Mayo y Bernardo de Yrigoyen de esta Ciudad Autónoma.

En el mismo se abogó por la Memoria de los 30000, por Milton Tolomeo y Enéas Gallo, secuestrados políticos del Estado Argentino, por los mapuches, víctimas como siempre de las atrocidades y persecusiones del Estado Chileno y por Palestina Libre.



Los 30.000 ante el relato negacionista Mileísta

A esta altura, tener que explicar por qué hablamos de 30.000 es agotador, pero es una pelea obligatoria ante tanto cinismo. No es una cuestión de aritmética para una planilla de Excel; es un símbolo político y social frente a un Estado que secuestró, torturó y desapareció personas sin dejar registro oficial.

Es la cifra que representa el vacío sistemático de un plan de exterminio. Esta cifra es a la que justamente, los esfuerzos del Presidente Milei y sus secuaces le ponen todas las fichas. Necesitan ridiculizarla para “demostrar” que la víctima miente para exculpar al victimario.

Hoy nos quieren vender la “Memoria Completa” como si fuera un combo de comida rápida. Pero seamos claros: ese discurso no busca la verdad, busca la impunidad. Antes querían disfrazar el genocidio de “excesos” o de una guerra entre iguales para licuar la responsabilidad del Estado, que es el que tiene el monopolio de la fuerza y la obligación de proteger a su Pueblo, no de montar centros clandestinos de detención.

El negacionismo no es libertad de expresión; es una herramienta política para, desde una ilusoria y cínica perspectiva, intentar desaparecerlos de nuevo, que dejen de ser parte de nuestras vidas.

No los niegan para burlarse, los niegan por necesidad: por que aún les tienen miedo a todos y a cada uno de los 30000.



A modo de cierre (sólo por ahora)

A 50 años del siniestro Proceso, el ejercicio de recordar se vuelve un acto de rebeldía. La memoria tiene que ser incómoda, tiene que picar, tiene que señalar a los que hoy, con otros métodos, pretenden que nos olvidemos de quiénes somos.

Que este 24 de marzo sirva para entender que la libertad de verdad no se declama en un atril, se ejerce defendiendo lo nuestro. Porque un pueblo que olvida es un pueblo que se deja pisotear.

Acá, por lo visto, todavía somos muches los que no estamos dispuestos a agachar la cabeza.