📺 INTRODUCCIÓN A LA EMISIÓN

¡Holas amigas y amigos!
Sean bienvenides a esta Emisión Especial de El Heraldo Furioso – ALERTA ARGENTINOS: EPIDEMIA DE ODIO DE ESTADO EN EL BRASIL.
Lo que hoy ponemos sobre la mesa no es un análisis de color sobre las vacaciones; es la denuncia de una Guerra Híbrida declarada y ejecutada desde el Palacio de Planalto contra la integridad de cada ciudadano argentino.
Brasil ha dejado de ser un vecino para convertirse en una emboscada institucional permanente, donde el Estado, la justicia y las fuerzas de seguridad operan como una maquinaria de demolición de nuestra soberanía.
Es fundamental hacer una distinción: esta epidemia de odio y persecución institucional, por ahora, tiene su epicentro en el Estado de Río de Janeiro y en la burocracia infame de Brasilia. La experiencia personal recorriendo el Sur de Brasil de El Irreverente me permite afirmar que la realidad de los pueblos allí es distinta; existe una convivencia y una hospitalidad que todavía resiste. Sin embargo, lo que denunciamos hoy es la ‘bajada de línea’ política: el modelo de cacería que Brasilia está ensayando en Río para exportarlo a un mundo que no tiene miedo de acusarnos de racistas, cuando a ellos debería caérseles la cara de vergüenza.
Denunciamos la existencia de una Gestapo del Trópico: la PMERJ. Una fuerza cuya ‘eficiencia’ se mide en sangre: matan a un 98% de pobres en las favelas, y de ese exterminio, el 86% son los que ellos mismos rotulan como Negros y Pardos. Esta es la hipocresía suprema de Itamaraty: mientras usan el ‘oído biónico’ de Vinícius para perseguir argentinos, su policía fusila a su propia población bajo un sesgo racial y de clase que espantaría al propio Gobineau. No previene el delito, lo administra y lo utiliza como arma política. Lo vimos en el Maracaná, donde la orden no fue la seguridad, sino el escarmiento físico contra familias argentinas, liberando la zona para el linchamiento y ejecutando luego la represión estatal. Ese odio físico hoy se ha vuelto burocrático y digital: la Policía Civil (PCRJ) ya no investiga, ahora ‘produce’. Gastan recursos en drones, cámaras de alta gama y edición de cine clase B para montar ‘reels’ de propaganda donde exhiben a argentinos como trofeos de guerra para alimentar el chovinismo de una población a la que le ocultan la miseria interna.
El caso de la abogada Agostina Páez es el monumento a esta infamia en Río. Secuestrada judicialmente con una tobillera electrónica, es la víctima de un sistema que utiliza la Ley de Injuria Racial como un grillete ideológico. El Juez Feitosa y los ‘buenos muchachos’ de la justicia de Río cierran los ojos ante las cámaras del Bar Barzin, que muestran claramente el acoso genital y la intimidación que sufrió Agostina. Para este sistema nazi-carioca, el honor de una argentina vale cero; prefieren proteger a un acosador local que reconocer la inocencia de una extranjera que solo intentó defender su dignidad.
Pero la traición no termina en las comisarías. Mientras nos distraen con el circo de la ‘discriminación’, el puerto de Río de Janeiro funciona como la estación de servicio de la Royal Navy. Es la logística de la deshonra: los buques ingleses HMS Medway y HMS Forth cargan combustible y provisiones en muelles brasileños con la venia de la burocracia infame de Brasilia, transformando a Brasil en el portaaviones logístico del invasor de nuestras Islas Malvinas. Es la ‘Patria Grande’ de los chulos, que le lamen las botas al Imperio Británico mientras cazan argentinos en las calles para tapar que son el muelle logístico del usurpador.
Este eje de odio conecta con el resentimiento nazi de personajes como Mbappé, el brazo ejecutor de la negación deportiva tras la derrota de 2022. El tipo que usa la homofobia como lenguaje de cancha pero activa el ‘oído biónico’ del racismo cuando necesita proscribir al talento argentino, como hicieron con el pibe Prestianni. Es la ‘Viniciusización’ del deporte: una herramienta de proscripción técnica para que el argentino no brille, no compita y, si lo hace, sea encarcelado.
Todo esto sucede bajo el silencio sepulcral de los ‘KomuniKagadores’ y ‘ParaKes’ de Buenos Aires. Periodistas y ‘toma-whiskies’ que callan por una pauta en reales o un viaje pago al Sambódromo. El marxismo de salón prefiere hacer ‘chomskeadas’ teóricas antes que denunciar que hoy en Río se juega la vida y la libertad de sus compatriotas. Han abandonado a Matías Becerra, han abandonado a Agostina y han entregado la soberanía por un plato de feijoada mediática.
Rogamos que la hospitalidad de los pueblos —esa que todavía se siente en el Sur— sea distinta a la ferocidad del Estado y de los pulpos de negocios del deporte. Rezamos para que los argentinos sobrevivan a su paso por Río, una ciudad que hoy huele a emboscada y traición.
¡La verdad no necesita prisioneros!
¡A llorar al convento!
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