La memoria de la traición: de los noventa a Río Tercero

Esta opacidad resucitada conecta de forma directa con la herida más vergonzosa de nuestra historia reciente: el tráfico ilegal de armas a Ecuador y Croacia en la década de los noventa. En aquel momento, bajo el amparo de Decretos Secretos firmados entre gallos y medianoche, las cúpulas políticas y militares desmantelaron los arsenales de Fabricaciones Militares para venderle armamento a Ecuador mientras ese país se desangraba en el conflicto del Cenepa contra el Perú.
Esa maniobra no solo significó una traición vil a la Patria Grande y al hermano pueblo peruano (que había puesto el pecho y sus propios aviones por la Argentina durante la Gesta de Malvinas), sino que terminó costando vidas argentinas en nuestro propio suelo. Para tapar los faltantes de los arsenales y borrar las huellas del contrabando amparado en el secreto de Estado, no dudaron en hacer volar por los aires la ciudad de Río Tercero, sembrando la muerte y el terror entre la población civil.
Aquel crimen histórico dejó una lección marcada a fuego: cada vez que el Estado exige “secreto” para comprar o mover armas, lo que se incuba en las sombras es la estafa, la traición geopolítica y el dolor de los de abajo.
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