La impunidad de los gerentes del desastre

La connivencia entre los funcionarios de turno y las patronales del campo profundo revela la catadura moral de una clase dirigente que solo entiende de negocios sobre cajones de muertos.
No les importa si el suelo queda devorado, si las napas se pudren de arsénico y glifosato, o si la vida en el interior rural se vuelve insostenible.
Para ellos, la vida humana y la soberanía alimentaria son variables descartables en las planillas de Excel de la especulación financiera.
A los venenos los conocemos de memoria, y a los corruptos que los avalan también. La historia demuestra que cuando los pueblos se organizan y no se tragan los buzones del relato corporativo, los sacudimos hasta debajo de las encías.
La dignidad de quienes trabajan la tierra no se negocia en ninguna mesa de oficina estatal, y la memoria de las luchas pasadas nos marca el único camino posible: enfrentar el saqueo, desenmascarar a los sirvientes del poder económico y defender cada metro de nuestro suelo con la misma fiereza de siempre.
Views: 3

