Los Mercaderes de la Muerte ahora cuentan con la complicidad criminal del SENASA

El laboratorio a cielo abierto: Las claves de la infamia estatal

  • Vía libre exprés para la experimentación toxicológica: Al fijar un plazo irrisorio de apenas 90 días para aprobar nuevos usos de agrotóxicos en “cultivos menores”, el SENASA terceriza el riesgo sanitario. Las corporaciones no gastan en estudios de impacto acumulativo a largo plazo: descargan la molécula nueva directamente sobre las chacras de producción familiar y las huertas regionales, usándolas como territorio de prueba.
  • Fumigación de precisión para la masacre sistemática: La legalización de los drones (Vehículos Aéreos No Tripulados) bajo este régimen exprés es la zanahoria tecnológica con la que pretenden enmascarar la deriva letal. Ya no necesitan disimular las distancias: ahora pulverizan por aire, directo sobre las escuelas rurales, las viviendas precarias y las fuentes de agua comunitaria, consolidando un esquema de exterminio silencioso.
  • La trampa contra el eslabón más débil: Apuntar deliberadamente a los “cultivos menores” (el refugio de la horticultura diversificada y de las familias que trabajan la tierra sin subsidios ni espaldas financieras) es una jugada cobarde. Saben perfectamente que el pequeño productor está solo, desprotegido por las políticas oficiales y obligado a aceptar cualquier migaja con tal de producir, convirtiéndolo en el blanco perfecto de un cóctel químico cuya toxicidad real nos ocultan sistemáticamente.
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