Una Gira para el Bienestar de Milei y nada más

La Gira de la Escandalosa Subordinación a los Estados Unidos e Israel

El paso de Javier Milei por Nueva York volvió a exhibir el núcleo de su política exterior: un alineamiento incondicional con Estados Unidos e Israel donde la devoción ideológica prima sobre cualquier pragmatismo estratégico.

Durante la cumbre del “Escudo de las Américas”, el mandatario argentino no ahorró gestos de subordinación ante Donald Trump, celebrando sus intervenciones con entusiasmo en redes sociales y acatando la agenda de seguridad hemisférica de Washington.

Esta postura relegó la histórica neutralidad de la diplomacia argentina a un papel de mera adhesión a los intereses norteamericanos.

El encuentro bilateral con Benjamín Netanyahu elevó esa pleitesía a un nuevo extremo, convirtiendo a la delegación argentina en el principal sostén político de un líder israelí acorralado por el aislamiento internacional.

En un escenario donde numerosos países le daban la espalda en la Asamblea General de la ONU y las calles de Manhattan registraban multitudinarias protestas, Milei le prometió “apoyo incondicional” y llegó a afirmar que Israel no existiría sin su figura, transformando a la Argentina en el aliado idóneo para oxigenar la imagen del Primer Ministro israelí.

El punto de mayor costo para el interés nacional se evidenció en el tratamiento de las operaciones de la petrolera de capitales israelíes Navitas Petroleum en el yacimiento Sea Lion en las Islas Malvinas. En la mesa chica, la diplomacia argentina prefirió “hacerse el oso” y eludir un reclamo firme para no agrietar la foto bilateral, mientras Netanyahu se amparaba en el cómodo argumento de la independencia de los capitales privados.

De este modo, el Gobierno subordinó la firmeza en la Causa Malvinas en pos de mantener intacta la sintonía geopolítica y doctrinaria con Tel Aviv.

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