A modo de cierre (por ahora)

El triple abrazo en el Salón Blanco terminó siendo la metáfora perfecta de una gestión que prefiere la complicidad antes que la ejemplaridad.
Mientras el país observa cómo los funcionarios desfilan entre cargos, denuncias y pactos de protección, la justicia parece quedar supeditada a las decisiones de la Quinta de Olivos.
Si el objetivo era mostrar fortaleza, el resultado fue la exposición de una impunidad que, lejos de esconderse, se exhibe orgullosa frente a gobernadores y legisladores.
Al final, el abrazo no fue solo para Adorni: fue un abrazo al sistema de privilegios que tanto se prometió combatir.
En este Gobierno, parece que el poder no se entrega; simplemente se protege.
La pregunta es cuánto tiempo más podrá sostenerse este gobierno dándole la espalda sus trapos extremadamente sucios.
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