A modo de Cierre (por ahora)

La renuncia de Manuel Adorni no es un acto de “protección de la familia” ni un paso al costado por dignidad; es la capitulación necesaria ante un desgaste que ya no podía contenerse.
Pretender que su salida lo convierte en un “ciudadano común” es el último engaño de su gestión: Adorni se retira para intentar enfriar las causas judiciales desde el llano, esperando que la pérdida de su visibilidad como funcionario sea suficiente para que la Justicia frene su marcha.
Esta dimisión no borra las pruebas ni las irregularidades denunciadas. Su carta de despedida es, en última instancia, un intento de clausurar el “Adornigate” bajo el relato de la victimización, buscando que el foco público se apague antes de que las investigaciones penales tengan que avanzar sobre el fondo de sus actos.
El cargo termina, pero el problema para este señor que creyó que podía reírse de sus conciudadanos hoy luchará por no lucir un traje a rayas.
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