A modo de cierre (por ahora)

El jabalí embrutecido no piensa, solo embiste. Por eso, el destino final de estos operadores de streaming y teclado —que hoy se sienten impunes bajo el ala del poder de turno— ya está escrito en los archivos de nuestra historia reciente. Son los herederos directos de los que ayer señalaban con el dedo desde un decorado de televisión estatal; mercenarios del neologismo estúpido y la difamación en patota que confunden la microviolencia digital con el coraje político.
La gran ironía del Esquema Básico Parapolicial Argentino es que sus ejecutores siempre se creen originales mientras repiten un libreto refritado. No hay épica en el odio financiado, ni hay rebeldía en ser el alcahuete del régimen. Ayer fue Néstor, hoy es Milei, pero el triste papel del fanático irreflexivo sigue siendo el mismo: desgastar la inteligencia colectiva hasta que la realidad los devore. Y cuando el viento cambie, como siempre pasa en este suelo, estos seres indignos descubrirán que los poderosos a los que hoy sirven no compran traidores que ya no son útiles. Quedarán, al igual que sus antecesores, sepultados en el archivo de la vergüenza ajena.
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