Una repetitiva agresión institucional

El trasfondo de este descargo no es la búsqueda de justicia, sino la validación de una dinámica de persecución sistemática. Al utilizar términos como “mierda”, “miserables” y “basura mediática”, el Presidente no busca debatir la rigurosidad de una cobertura pasada, sino anular la legitimidad de la profesión en su totalidad.
La gravedad institucional radica en que la descalificación ya no es una reacción aislada, sino una política comunicacional de Estado.
Instalar la premisa de que “no se odia lo suficiente” a un sector de la sociedad civil es una habilitación implícita a la violencia verbal y al hostigamiento digital para sus seguidores.
Milei expone un odio atávico que necesita enemigos diarios para alimentar su relato de confrontación constante; hoy el blanco vuelve a ser el periodismo, utilizado como cortina de humo para desviar la atención de la agenda pública.
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