A modo de cierre (por ahora)

La ley en manos del poderoso siempre es un arma de doble filo: elástica para sus ambiciones y de acero para el cuello del vecino.
Jorge Macri cree que con desalojar una vereda en Once o saturar de patrulleros la Villa 31 está fundando una ciudad nueva, pero lo único que está haciendo es profundizar una guerra contra los de su propia condición: los que habitan un lugar que el papel dice que no les pertenece.
La diferencia es que el mantero ocupa un metro cuadrado para que su familia coma, mientras que él ocupa el sillón de la Ciudad para alimentar un proyecto de casta.
Podrán limpiar las veredas, podrán tirar gases y llevarse los canastos, pero no pueden borrar la historia de los que nacimos, vivimos y vamos a morir en estas calles.
El respeto se gana con coherencia, no con operativos de marketing policial. La razón no se desaloja.
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