El OKupa que ataca a los que (supone) son de su condición

El OKupa de Parque Patricios contra los más humildes

Hay una diferencia que el derecho administrativo no puede explicar y que la justicia electoral decidió ignorar: la diferencia entre tener un domicilio y tener una historia. Buenos Aires no es un tablero de ajedrez donde uno mueve una ficha de un municipio a otro para ver dónde le toca ser jefe.

Esta Ciudad es un cuerpo vivo que late en los barrios, y ese pulso lo conocemos los que nacimos, los que pateamos el CBC en Ciudad Universitaria cuando el aire todavía olía a libertad, los que vimos cambiar las luces de las avenidas y las caras de los vecinos.

Hoy, desde el despacho de Parque Patricios, un hombre que no conoce el frío de nuestras madrugadas manda a “saturar” los barrios populares. Jorge Macri ordena operativos de saturación en la Villa 31, manda la infantería a rodear los pasillos donde nacieron y crecieron miles de porteños de ley.

Porque hay que decirlo con claridad: los pibes de la 31, de la 21-24, los que venden medias en Once para llevar el pan a la mesa, son más dueños de esta Ciudad que el tipo que tuvo que buscar recibos de luz de hace cuarenta años para que lo dejaran competir.

Es el mundo del revés. El que está “flojo de papeles” institucionalmente usa el aparato del Estado para perseguir al que está “flojo de papeles” económicamente. Se llena la boca hablando de la ley contra el migrante, contra el mantero, contra el que ocupa un pedazo de tierra para no dormir a la intemperie, mientras él mismo es un okupa de la voluntad popular, alguien que llegó por un acuerdo de cúpulas y la complicidad de un peronismo que miró para otro lado.

A nosotros no nos van a explicar lo que es el orden. El orden es que se respete la Constitución, no que se la use como papel higiénico para beneficiar a un pariente. El contraste es obsceno: de un lado, el porteño nacido y criado que sabe lo que es pelear el mango; del otro, un colono político que cree que gobernar es sacar fotos de desalojos mientras el resto de la Ciudad se cae a pedazos. No tiene asidero jurídico, no tiene autoridad moral y, sobre todo, no tiene el respeto de los que sabemos que la verdadera patria es la gente, no el cargo que lograste usurpar.

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