Milton Tolomeo y Enéas Gallo: rehenes estatales en la guerra del Gobierno contra la protesta social

El Estado argentino ha dejado de pretenderse árbitro de la convivencia para convertirse en el ejecutor de la persecución política. La detención de Milton Tolomeo y Enéas Gallo no es un hecho aislado, sino la pieza central de un mecanismo que busca disciplinar mediante el secuestro de la libertad.
Este gobierno, incapaz de gestionar el conflicto sin recurrir al garrote, ha convertido el derecho a la protesta en un delito capital, construyendo una realidad donde cualquier voz disidente debe ser silenciada tras las rejas.
La arquitectura del ajuste requiere chivos expiatorios, y el Ministerio de Seguridad ha orquestado un montaje judicial cuyo único fin es sembrar el miedo. Tolomeo y Gallo no están presos por un crimen; están presos por ser el recordatorio viviente de que este Ejecutivo no tolera la resistencia.
Es una nueva embestida estatal que utiliza el Código Penal como un arma contra quienes exponen que este modelo es un régimen de excepción diseñado para imponerse a cualquier costo.
La detención de Tolomeo y Gallo es el síntoma de una democracia degradada, donde el aparato judicial funciona como brazo ejecutor de las fantasías punitivistas del Ejecutivo.
Al mantenerlos como rehenes, el Gobierno confirma que la protesta social se castiga con cárcel. Es una decisión política deliberada para desarticular la lucha popular mediante el miedo.
Mientras el Presidente alardea de su “superávit”, la realidad es que el costo político se paga con la libertad de los compañeros.
La criminalización de la protesta es el recurso desesperado de una gestión que, incapaz de sostenerse en la realidad, prefiere recurrir al encierro.
La exigencia es única: libertad inmediata para quienes fueron convertidos en rehenes por un Estado opresor.
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