Les ParaKes de la Ultra: cuadradamente disciplinades

La repetición sistemática de material de archivo, como el eterno video de Luis D’Elía sobre Irán, no es una estrategia de comunicación, es la evidencia de una incapacidad intelectual profunda. Les ParaKes operan bajo la lógica del “público se renueva”, pero lo que en realidad se renueva es su vagancia. Dicen defender la libertad mientras actúan con métodos fascistas, estigmatizando a los mismos personajes una y otra vez para justificar su existencia y sus contratos con el Estado. Es el reciclaje de la basura para alimentar a una base que ya no piensa, solo consume odio preformateado.
El hostigamiento contra Luciana Geuna marca un límite institucional peligroso. Lo que se presenta como una “infracción de seguridad” es, en realidad, el despliegue de la Casa Militar al servicio de una cabronada política. Buscan silenciar las indagaciones sobre el patrimonio de Manuel Adorni mediante la figura penal del espionaje. La estructura paraestatal utiliza a “alcahuetes” de redes sociales para pedir cárcel y criminalizar a quien pregunta, demostrando que el poder actual prefiere el blindaje de sus funcionarios antes que la transparencia pública.
El caso de Dante Gebel revela una faceta patética del esparaqué: el reclamo de “derechos de autor” sobre el mesianismo. Al señalar al pastor como el “enemigo número dos”, la ultra evidencia que no tolera competencias en el mercado de la redención mediática. La saña contra el BMW y la custodia de Gebel es un mimetismo del odio; lo atacan porque espeja la misma construcción estética y ambiciosa que llevó a su propio jefe al poder. Ante el hundimiento de las expectativas de gestión, necesitan canalizar la furia contra figuras que consideran usurpadoras de su propio estilo de construcción política.
¡Vamos a los Informes!
El perfil de Les ParaKes de la Ultra no es el de una vanguardia intelectual, sino el de un cuerpo de vigilancia básica y disciplinada. Su función no es convencer, sino amedrentar mediante una desfachatez que supera a cualquier aparato de propaganda anterior por su nivel de violencia explícita. La utilización de la estructura estatal para perseguir periodistas y la creación de “monstruos” de turno son las herramientas de un poder que, incapaz de gestionar la realidad, se refugia en la construcción de enemigos internos. La soberanía del pensamiento crítico se encuentra hoy bajo el asedio de una patrulla que confunde el servilismo con la ideología.
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