Novedades de la Causa Malvinas

sostenemos una posición que no necesita de revolucionómetros: la soberanía sobre las Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur es absoluta y su usurpación, una herida abierta que la clase política argentina y regional se empeña en infectar por unas pocas monedas.
Estamos asistiendo a un festival de la claudicación donde la retórica soberanista se utiliza apenas como una remera linda para ocultar bolsillos llenos de chelines.
No hay nacionalismo que valga cuando, puertas adentro, se gestiona la logística del ocupante con la eficiencia de un cadete servil.
El escenario en Tierra del Fuego es sencillamente nauseabundo. El peronismo fueguino, ese que se desgarra las vestiduras en los actos del 2 de abril, ha transformado el puerto de Ushuaia en una zona liberada para el negocio británico.
Han pisoteado la Ley Gaucho Rivero y la Ley Solanas para garantizarle el amarre al pirata, tapando carteles de prohibición bajo el amparo de la oscuridad y con la complicidad de cúpulas sindicales mercenarias.
Es la política del muelle: si hay libras, la Constitución es letra muerta. Mientras tanto, en Tolhuin, le dejan la luz prendida y le cuidan las baterías a radares de capitales británicos que nos vigilan la nuca.
Son una fuerza que ya se rindió, una administración que no tiene el coraje de desenchufar un cable enemigo pero sí la desfachatez de hablar de Patria.
A esta traición doméstica se suma la hipocresía oriental. Uruguay, bajo la gestión de Yamandú Orsi, ha decidido ser la estación de servicio y el hospital de campaña de la logística colonial.
Presentar un Airbus A400M de la Royal Air Force —una mole diseñada para mover tropas y blindados— como una simple ‘ambulancia humanitaria’ es un insulto a la inteligencia.
Operar con el transpondedor apagado en nuestro espacio aéreo no es una misión médica, es una maniobra militar encubierta facilitada por Montevideo.
La soberanía no se negocia ni se disfraza de medicina. Ante la mentira humanitaria y el negocio del muelle, oponemos la memoria y el material probatorio de una entrega que la historia, y este canal, no van a perdonar.
¡Vamos a los informes!
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