Celebrando la nada misma como si hubiera echado a los ingleses de Malvinas

El discurso del Presidente de la Nación, Javier Milei, fue un monumento al triunfalismo apresurado y al mesianismo económico.
En una Cadena Nacional que apenas arañó los ocho minutos, el mandatario intentó venderle al país una victoria jurídica inexistente, calificando el fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York como un hecho de trascendencia histórica y sin precedentes.
Según su patético relato, la pericia de su equipo logró torcer un destino de humillación, pero detrás de la épica libertaria se esconde un reconocimiento peligroso: al festejar un supuesto ahorro de 18.000 millones de dólares, Milei no hizo más que validar oficialmente la tasación de los buitres de Burford Capital.
Al ponerle ese piso de hormigón a una deuda que todavía está en litigio, el Ejecutivo Nacional le regaló una herramienta política y judicial a los demandantes, transformando lo que es apenas un suspenso técnico en un “festejo nacional” que ignora que la espada de Damocles sigue colgando sobre el patrimonio de los argentinos.
Fiel a su estilo, el Presidente no desaprovechó el horario central para subir al ring a sus rivales de turno, mencionando con nombre y apellido a Cristina Fernández de Kirchner y al gobernador Axel Kicillof, a quienes acusó de sumir al país en una aventura suicida y de practicar un nacionalismo barato de pacotilla.
Sin embargo, lo que el Jefe de Estado omite deliberadamente es que su propio patriotismo de inversiones hoy depende exclusivamente de la benevolencia geopolítica de la justicia norteamericana en la era Trump.
Estamos ante un escenario donde el Ejecutivo celebra haber levantado los platos rotos, mientras la Gobernación de la Provincia brinda por una legalidad de lo actuado que solo existe en su imaginación.
Otra desvergüenza más a la cual les polítiques vernáculos ya nos tienen acostumbrades, pintando de gesta nacional lo que ni se le parece.
El Presidente de la República mostró que por algo es el Primer Magistrado de la Nación, su desvergüenza e hipocresías son proverbiales, algo que ningún ciudadano tiene como él en su acervo.
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