Nauseando con privilegios desde el principio y por principios

El análisis del video de la audiencia expone una psiquis que no reconoce autoridad externa. Desde el primer segundo, la imputada intenta invertir la carga jerárquica: no habla como alguien que comparece ante la ley, sino como una monarca que concede una audiencia a sus súbditos.
- La Jueza de su propia psiquis: Comienza a hablar como si ella fuera la autoridad del recinto. Su psiquis le indica que es la Monarca suprema, y desde ese lugar ningunea cada “dato de rigor” que se le solicita.
- Mentira en el nombre y patriarcado: Oculta el Elisabet y agrega el “de Kirchner” que nadie le pidió. Es una marca de casta y una tendencia marcada al patriarcado: necesita el apellido del marido para validarse como oligarquía política, buscando un linaje que la haga sentir superior.
- La farsa de la edad: Encubre su edad de entrada, generando una confusión donde no se entiende si tiene 33 o 73 años. No es un olvido; es la negación de la realidad fáctica en favor de su propio relato.
- La ignorancia del “Pase y Revuelva”: Al alegar que los hechos son de “público y notorio” —omitiendo la palabra conocimiento—, no solo muestra una formación jurídica deficiente y rústica, sino que delata que aprendió a leer y escribir en un esquema donde la profundidad no importa si se mantiene la pose.
- El micrófono como cetro: Apenas se sienta, su primera acción es apropiarse del micrófono con un movimiento brusco y autoritario. Lo acomoda y lo maneja para marcar que ella dicta los silencios y el volumen de la audiencia. Es la dueña del discurso en una casa ajena.
- El ninguneo al secretario: Mientras el empleado judicial lee el protocolo, ella despliega un arsenal de micro-gestos de hartazgo: revisa papeles, se acomoda la ropa o mira hacia el techo, evitando cualquier contacto visual. Para su psiquis monárquica, el trabajador judicial es un mueble invisible.
- El suspiro de “Casta”: Cada pregunta del tribunal es recibida con un suspiro audible, una señal de desprecio que busca infantilizar a los jueces. Es el mensaje de quien se siente una figura histórica obligada a perder minutos con “terrenales” que osan pedirle un documento.
- La mirada de validación externa: No mira al tribunal para responder; busca con la vista a su claque o a la cámara, asintiendo con la cabeza antes de terminar cada frase. No declara para el expediente, actúa para su propia Historia que siempre ha sido una farsa.
Si la ex-Presidenta está buscando una defensa por inimputabilidad, quizás podría lograrlo, por que no parece lo suyo tener sea algún tipo de noción de tiempo y espacio.
¡Vamos a las imágenes!
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