
La jornada judicial no fue un trámite administrativo más; fue la puesta en escena de un arquetipo que el cine y la crónica negra ya han inmortalizado. El rechazo a cumplir con los “datos de rigor” ante el tribunal —esa negativa casi física a someterse a la burocracia de los mortales— revela una patología del poder que une a la política vernácula con la ficción de Hollywood y los rincones más oscuros de nuestra historia criminal.
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