La complicidad que los jerarcas policiales y estatales niegan

El hecho de que el camarógrafo fuera subido a un camión de detenidos, incomunicado y herido, mientras la cúpula policial observaba a metros de distancia, confirma que la agresión es parte de un plan sistemático de amedrentamiento.
No es un policía “loco”; es una institución que ha recibido luz verde para tratar a la prensa como un enemigo táctico.
La inoperancia de la PFA para evitar que un grupo de activistas trepara las rejas del Congreso contrasta brutalmente con la “eficiencia” que mostraron para moler a golpes a un trabajador con una cámara al hombro. Esto no fue una falla de seguridad, fue una reorientación de la violencia.
Ante la humillación de haber sido burlados por Greenpeace, los mandos superiores descargaron su frustración sobre el eslabón que siempre eligen para dar el ejemplo: el periodismo de calle.
Según la ex-Ministra de Seguridad y actual Senadora Nacional, Patricia Bullrich (que primero aseguró que la Policía actuó bien y luego negó haber visto las imágenes) a uno de los policias atacantes el jefe de la Policía Federal le ha iniciado sumario.
Los perpetradores nuevamente quedaron solitos, garantizando la impunidad de las institución represiva y del Estado en cuanto a la responsabilidad por el hecho.
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