EL PROTOCOLO DEL GARROTE

Cuando la orden es “Limpiar a la Prensa”

Lo ocurrido hoy frente al Congreso de la Nación no admite lecturas tibias. No hubo “errores” ni “excesos”, hubo instrucciones. Nadie que conozca el funcionamiento de las fuerzas federales puede creer, ni por un segundo, que un oficial se lanza a estrangular a un camarógrafo o a robarle el celular a un cronista por iniciativa propia. Las “bestias federales” que hoy ensangrentaron a Facundo Tedechini (A24) y gasearon a mansalva al equipo de Crónica TV actuaron bajo una orden superior de ataque.
La insoportable verticalidad del Palo

En una fuerza verticalista como la Policía Federal, el movimiento de un cordón es un acto de obediencia. La avanzada sobre la vereda —espacio donde la prensa trabajaba pacíficamente— fue una decisión política ejecutada por uniformados. La orden fue clara: neutralizar el registro de la realidad.
- La trampa del cable: No fue un empujón al azar. La Federal utilizó una maniobra técnica de emboscada: pisaron deliberadamente el cable de la cámara de Tedechini para anclarlo al piso. Cuando el trabajador quedó atrapado por su propio equipo, lo usaron como excusa para saltarle encima.
- La saña como método: No se buscaba desplazar, se buscaba dañar. La técnica de tomar a Tedechini del cuello para lanzarlo al asfalto es una maniobra de sometimiento diseñada para infligir daño. El resultado fue un trabajador con el rostro ensangrentado y cortes profundos.
- La cacería tecnológica: La destrucción de lentes, el secuestro de trípodes y los manotazos a los celulares de quienes grababan la agresión —como el ataque al cronista Facundo Muñoz— confirman que el objetivo era el apagón informativo. El policía que intenta arrebatar un teléfono no tiene miedo al manifestante, tiene miedo a la prueba del delito que está cometiendo.
La complicidad que los jerarcas policiales y estatales niegan

El hecho de que el camarógrafo fuera subido a un camión de detenidos, incomunicado y herido, mientras la cúpula policial observaba a metros de distancia, confirma que la agresión es parte de un plan sistemático de amedrentamiento.
No es un policía “loco”; es una institución que ha recibido luz verde para tratar a la prensa como un enemigo táctico.
La inoperancia de la PFA para evitar que un grupo de activistas trepara las rejas del Congreso contrasta brutalmente con la “eficiencia” que mostraron para moler a golpes a un trabajador con una cámara al hombro. Esto no fue una falla de seguridad, fue una reorientación de la violencia.
Ante la humillación de haber sido burlados por Greenpeace, los mandos superiores descargaron su frustración sobre el eslabón que siempre eligen para dar el ejemplo: el periodismo de calle.
Según la ex-Ministra de Seguridad y actual Senadora Nacional, Patricia Bullrich (que primero aseguró que la Policía actuó bien y luego negó haber visto las imágenes) a uno de los policias atacantes el jefe de la Policía Federal le ha iniciado sumario.
Los perpetradores nuevamente quedaron solitos, garantizando la impunidad de las institución represiva y del Estado en cuanto a la responsabilidad por el hecho.
El mensaje del que debe tomar nota el Poder Político

¿Quién dió la orden criminal de hoy? ¿Quién dijo OK para que un cordón federal avanzara sobre periodistas identificados?
El silencio de los superiores ante la sangre de Tedechini es la confesión de su autoría.
Desde este blog denunciamos la existencia de una directiva política de represión contra la prensa.
No son incidentes aislados; es la ejecución de un protocolo que busca que, la próxima vez, el camarógrafo lo piense dos veces antes de enfocar donde al poder le molesta.