La Geopolítica del Odio: El cordón sanitario del pensamiento

Todo lo expuesto anteriormente no es un fenómeno aislado; es la construcción de un cordón sanitario. El Estado chileno y sus élites necesitan que el “pobre de derecha” odie a la Argentina para que no se le ocurra imitar sus procesos de resistencia. No hay envidia, hay una deshumanización programada.
- El síndrome del Kelper continental: El éxito del “aislado” no es un logro chileno, es una imitación de la mentalidad Kelper. Como los habitantes de nuestras Malvinas, el “negado mental” chileno vive de espaldas al continente. No nos envidian, simplemente nos odian porque somos la interferencia en su frecuencia de radio colonial. Son los Kelpers del Pacífico: viven en una tierra hermosa que no les pertenece porque su mente ya fue entregada.
- Un país lindo, una identidad secuestrada: Chile es un país bellísimo, con una geografía que estremece y una historia de lucha que el modelo intenta borrar. El problema no es el paisaje, es el “formateo” que le hicieron a la población. El Estado ha logrado que el chileno promedio no disfrute de su tierra como un soberano, sino como un cuidador de estancia que ladra cuando alguien se acerca a la reja.
- La herencia de la sospecha: Mientras el maestro argentino intenta tender puentes de integración, el sistema chileno sigue alimentando la hipótesis de conflicto. Necesitan un enemigo externo para que el peón no vea que el verdadero enemigo le remata el agua y las pensiones en su cara. El odio es la anestesia que evita que el paciente sienta cómo lo están operando sin permiso.
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