La ignorancia inducida por el Estado y el pobre de derecha: el caso chileno

El Resentimiento como Identidad: La patología del odio canalizado

Si el Estado les vació el cerebro y la servidumbre les llenó el espíritu, el resultado final es un sujeto que habita una cárcel emocional. El odio visceral que estos sectores destilan en redes no es una opinión, es una proyección.

  • La autorrepresión como motor: No es casualidad que el insulto de estos ignaros siempre ronde lo sexual o lo homofóbico. Existe una ley casi física en la psicología de la masa oprimida: el que más odia la libertad ajena es quien más padece su propia castración. El “pobre de derecha” es un ser autorreprimido que desprecia en el otro la valentía que él no tiene. Odian la diversidad o la rebeldía porque son espejos de una autenticidad que ellos mismos sacrificaron para ser aceptados por el sistema. Es la furia de quien desea pero no se atreve; una agresión contra el otro por permitirse lo que ellos tienen prohibido por su propia moral de esclavos.
  • El fiasco del socialismo de cartón: En esta tragedia, los “socialistas” de la post-dictadura y el actual progresismo hípster de Boric son el mismo fiasco que la derecha rancia. Boric no vino a desarmar la máquina de embrutecimiento; vino a engrasarla con un discurso de redes sociales y mejores modales. Es el “socialismo de Starbucks” que administra la miseria y el endeudamiento mientras busca la validación de los mismos organismos internacionales que nos asfixian. No hubo alternativa, solo un cambio de capataz que pinta las rejas de colores.
  • El círculo vicioso y el acecho de Kast: Ante el vacío dejado por la izquierda estafadora, el “negado mental” corre hacia los brazos de José Antonio Kast. Kast no tiene una trayectoria política, tiene un prontuario familiar y una herencia ideológica ligada a lo más oscuro del pasado. Que el oprimido vea en un reivindicador de la bota a su salvador es el éxito definitivo de la lobotomía educativa. El sistema ha logrado que el peón elija a su propio verdugo, convencido de que la rigidez del látigo le devolverá la identidad que el Estado le robó.
  • La envidia de la dignidad: Lo que les duele de Argentina no es una estadística económica; es la dignidad del guardapolvo blanco y la capacidad de resistencia popular. Al no poder ser felices en su modelo de cuotas y sumisión, su única gratificación es ver cómo pueden desgraciar al vecino. Su felicidad es puramente negativa: “estoy mal, pero quiero que vos estés peor”.

En definitiva, estas criaturas menesterosas que hoy nos atacan en redes son el sollozo de quien ha renunciado a su humanidad básica para convertirse en un algoritmo de odio. El “gato” de nuestra ilustración no solo le hace un gesto al maestro por orden del inglés; se lo hace porque el maestro representa la soberanía que él, en su pequeña celda mental, jamás recuperará.

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