La ignorancia inducida por el Estado y el pobre de derecha: el caso chileno

El Estado como arquitecto del vacío: Abandono e Ingeniería

Para entender al “negado mental” contemporáneo, hay que diferenciar dos formas de producir ignorancia. Mientras que en Argentina asistimos a un deterioro por abandono —una picada institucional donde el Estado, por impericia o corrupción, deja caer el nivel hasta que el título es un papel mojado—, en Chile lo que existe es un embrutecimiento sistemático y programado.

  • Argentina y la decadencia por negligencia: El sistema argentino sufre una erosión galopante. Se bajó la vara por una falsa noción de “inclusión” que terminó excluyendo al pibe del conocimiento real. Es un colapso de lo que alguna vez fue grande; un ciudadano que hoy no comprende un texto es el subproducto de un Estado que dejó de gestionar la excelencia para gestionar la supervivencia. Es una herida abierta por falta de cura.
  • Chile y la lobotomía planificada: Lo de Chile no es un accidente, es un éxito de gestión. El Estado chileno, en el último medio siglo, ha perfeccionado una máquina de anestesia intelectual. No es que el sistema “falle”; es que está diseñado para que el hijo del obrero sea un operario eficiente pero un analfabeto político. Se le entrena para que sepa usar la tarjeta de crédito y la red social, pero se le extirpa quirúrgicamente la capacidad de entender la geopolítica o la historia regional.
  • El “Pobre de Derecha” como obra de arte del modelo: Al vaciar la currícula de pensamiento crítico, el Estado chileno parió a un sujeto que defiende su propia jaula. Este individuo no tiene “herramientas de defensa” contra la manipulación: ante la falta de una identidad nacional sólida y soberana, rellena ese vacío con un nacionalismo de cartón y un odio al vecino que le sirve de válvula de escape a su propia frustración de clase.

En definitiva, mientras el argentino es víctima de un Estado que se olvidó de enseñarle, el chileno es víctima de un Estado que decidió no hacerlo para asegurar la docilidad del peón. Por eso, cuando el “negado mental” chileno insulta en redes, no está ejerciendo su libertad de expresión; está ejecutando el programa que el Estado le instaló en el disco rígido: ser el guardián de los intereses del amo, mientras se burla de quien todavía conserva un guardapolvo blanco, aunque esté manchado.

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