A modo de cierre (por ahora)

La huida de Flávio Bolsonaro marca un hito de degradación institucional, incoherencia ética y cobardía política que deja al desnudo la verdadera naturaleza del movimiento.
Para un espacio que erigió toda su identidad política bajo el eslogan ideológico de «Patria, Familia y Libertad» y que durante años exigió mano dura, cárcel y persecución inflexibles bajo la consigna de que “el que no la debe, no la teme”, la imagen del heredero político escapando por la puerta trasera del país representa la bancarrota moral definitiva del bolsonarismo.
Prometieron dar la batalla legislativa y defender a sus 60 millones de votantes desde el Congreso, pero ante la primera citación formal de la justicia prefirieron desacatar una orden judicial, eludir los controles fronterizos y buscar refugio VIP en Miami, dejando huérfano a su propio electorado mientras gozan del confort del asilo político.
El episodio deja además al descubierto la fragilidad y el cinismo de la geopolítica regional: mientras desde Brasilia se confirma la cancelación de sus pasaportes y el dictado de su rebeldía, la facilidad con la que la comitiva sorteó los controles en la Triple Frontera pone en evidencia cómo las fronteras sudamericanas se vuelven milagrosamente porosas cuando los favores políticos y la impunidad de guante blanco lo requieren.
Ahora, con la familia asentada a miles de kilómetros de distancia y bajo la cobertura del arco conservador estadounidense, arranca la etapa del exilio dorado: la de intentar dirigir la oposición brasileña a través de tuits, transmisiones en vivo y discursos de victimización, explotando la figura del “perseguido político” sin arriesgar jamás un solo día ante los tribunales de su propio país.
Views: 9

