Lo que sigue en este culebrón brasileño

El escenario político que deja esta huida desnuda cómo el uso estratégico del aparato judicial y la narrativa del lawfare se han convertido en tentaciones irresistibles en la política brasileña:
- El lawfare como estrategia bidireccional: Tanto la izquierda como la derecha en Brasil han sucumbido a la tentación de utilizar el Poder Judicial como la extensión definitiva de la contienda política. Si en su momento el bolsonarismo usó los tribunales y la operación Lava Jato para descarrilar y encarcelar a Lula da Silva, el Supremo Tribunal Federal y el oficialismo actual han construido un cerco judicial implacable que acorraló a los Bolsonaro hasta no dejarles margen de maniobra institucional.
- La trampa del martirismo político: La huida de Flávio le permite al movimiento construir instantáneamente el relato de la persecución política y el «exilio forzado». Aliados de la extrema derecha (como el diputado Nikolas Ferreira) ya han activado el discurso: «Si un candidato con 60 millones de votos tiene que huir del país, ¿qué seguridad le queda al ciudadano común?».
- Reconfiguración de la derecha sin el clan: La huida hacia Florida deja al clan Bolsonaro físicamente fuera de Brasil (con Jair inhabilitado, Eduardo asentado como cabildero en EE. UU. y Flávio prófugo de la justicia brasileña). Esto abre la puerta para que figuras con perfil de gestión y del «centro-derecha pragmático», como el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, intenten capitalizar el enorme caudal electoral heredado sin cargar con el lastre penal de la familia.
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