Persecución Institucional y Cómplice Impunidad contra los Argentinos

El informe pone al descubierto una de las omisiones más graves de la campaña: el silencio cómplice de ambos espacios políticos frente a la persecución y los abusos institucionales que sufren los argentinos en suelo brasileño.
Ni la retórica de la “hermandad latinoamericana” de Lula ni el discurso de orden de Bolsonaro ofrecieron garantías diplomáticas para frenar la criminalización de turistas y simpatizantes por parte de las fuerzas de seguridad en ciudades como Río de Janeiro, convirtiendo cualquier viaje al país vecino en un riesgo directo para la libertad.
Esta dinámica de hostigamiento se articula a través de dos factores clave:
- La trampa judicial del “enemigo externo”: La aplicación desmedida y arbitraria de causas por supuesta “injuria racial” por parte del aparato policial se recrudeció a la par de los reveses deportivos de la selección brasileña ante la Argentina en el Maracaná. El poder local utiliza al argentino como un chivo expiatorio conveniente para canalizar tensiones y construir un enemigo externo.
- La hipocresía del aparato de seguridad: Esta persecución encubre una profunda contradicción institucional: la misma Policía Militar de Río de Janeiro que actúa con celo implacable contra los argentinos registra un 86% de abates de personas negras o pardas y un 98% de víctimas pertenecientes a favelas. Se trata de un sistema que disfraza su propia violencia racista estructural montando juzgamientos arbitrarios contra los visitantes extranjeros.
En definitiva, la impunidad con la que actúan las fuerzas de seguridad confirma que la desprotección de los ciudadanos argentinos opera como una política tácita compartida por todo el establishment de Brasilia, independientemente de quién ocupe el Planalto.
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