Otro viaje inútil de Milei visitando a sus amigos ultras

A pesar de contar con el ropaje formal de un traslado de Estado, la estructura de la agenda pone de manifiesto una orientación prioritariamente partidaria e ideológica. La gira priorizó el contacto con sectores políticos de la derecha y extrema derecha española (dirigentes del Partido Popular alineados con la Comunidad de Madrid y la Fundación Disenso ligada a Vox), postergando las gestiones diplomáticas tradicionales o los acuerdos bilaterales de alto nivel entre Estados.
En lugar de construir una estrategia exterior orientada al beneficio institucional amplio de la República Argentina, el itinerario consolida la tendencia del mandatario a utilizar la plataforma del Poder Ejecutivo para insertarse en debates políticos locales de otros países, en este caso en la antesala del escenario electoral de la península ibérica.
El punto más álgido del debate público radica en la imputación presupuestaria de estos desplazamientos. La logística de un viaje presidencial (que incluye la operación de aeronaves oficiales, operativos de seguridad internacional, alojamiento, viáticos de la comitiva y traslados) representa un gasto fiscal sustancial absorbido en su totalidad por el erario público argentino (“José Pueblo”).
Existe un contraste ético y legal cuestionado por diversos sectores de la sociedad civil y la oposición: mientras las actividades de los mandatarios deberían justificarse en función de intereses nacionales directos y mensurables, este tipo de desplazamientos mixtos (donde la agenda académica y militante predomina sobre la bilateral de Estado) traslada el costo del “turismo ideológico” y la proyección político-personal del Presidente a las arcas del contribuyente.
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