El Estado avanza sobre el Pueblo con un caos muy bien organizado

El escenario actual no surge de un error de cálculo burocrático, sino de una maquinaria estatal que perfeccionó el despojo sistemático.
Desde la falsa válvula de escape de las marchas proselitistas de la izquierda institucional hasta la entrega de los territorios rurales y el blindaje de la casta militar, el engranaje del poder opera con una precisión implacable.
- La farsa del proselitismo y la autodefensa popular: La llamada “Marcha de la Bronca” evidenció una vez más la desconexión de los aparatos políticos tradicionales y partidarios que le siguen pidiendo peras al olmo, suplicándole un paro a una burocracia sindical (CGT y CTA) que pacta a espaldas de la clase trabajadora. Mientras el aparato institucional busca canalizar el malestar hacia urnas y comités electorales, la verdadera resistencia se gesta desde abajo, en la autoconvocatoria y en las calles con los sectores que combaten el ajuste real.
- El agronegocio y los mercaderes de la muerte: La Resolución 869/2026 del SENASA no es una mera actualización técnica; es la habilitación formal de un circuito de experimentación criminal. Al fijar plazos exprés de 90 días para aprobar agrotóxicos en cultivos menores y legalizar los drones de fumigación sobre escuelas y viviendas rurales, el Estado terceriza el riesgo sanitario para satisfacer a los grandes pools de siembra, convirtiendo al pequeño productor en conejillo de indias de un modelo ecocida.
- El golpe de opacidad militar: El Decreto 1205/2026 resucita la escoria normativa de la dictadura de José María Guido (Decreto-Ley 9390/1963) para declarar bajo secreto militar todas las compras, contratos y adquisiciones del Ministerio de Defensa. Con esta maniobra, eliminan las licitaciones públicas, anulan la fiscalización de la Auditoría General de la Nación y pisotean la Ley de Acceso a la Información Pública. Lejos de proteger la soberanía frente a potencias enemigas (cuando los proveedores responden a la OTAN y los datos ya los tienen los satélites extranjeros), este cerrojo presupuestario busca blindar la caja, ocultar los negociados y repetir la pesadilla de los 90 y el tráfico de armas que voló por los aires a Río Tercero.
¡Vamos a los Informes!

El Estado avanza porque nos encuentra dormidos, distraídos o esperando milagros institucionales que jamás van a llegar.
No hay soberanía posible con presupuestos secretos, ni salud alimentaria con agrotóxicos aprobados por decreto, ni liberación popular confiando en la misma burocracia que nos entregó.
La consigna histórica sigue intacta: la tierra no se vende, los negocideos militares se repudian y la única lucha que se pierde es la que se abandona.
Es hora de dejar de mendigarle gestos a los verdugos y empezar a organizar desde las bases nuestra propia trinchera de resistencia.
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