A modo de cierre (por ahora)

La coartada del almanaque y la narrativa de los bitcoins invisibles buscan blindar al poder con el mismo libreto de siempre: subestimar a la ciudadanía, naturalizar lo injustificable y transformar la función pública en una cueva de prestidigitadores.
Los números siguen sin cerrar, la opacidad es total y la complicidad de los engranajes judiciales opera como salvavidas de plomo para los intocables. No nos toman por distraídos; nos toman directamente por idiotas.
Y la Historia, tarde o temprano, pasa factura.
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