CFK busca escupirle el asado a Kicillof

El tablero político bonaerense sumó un nuevo capítulo de máxima tensión luego de que la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, cruzara sin anestesia al gobernador Axel Kicillof.
Le endilgó una supuesta “deslealtad” y falta de gratitud, marcando un quiebre definitivo que trasciende el plano discursivo: la decisión política de dividir las aguas dentro del peronismo ya está en marcha.
No sabíamos que la ingratitud y la deslealtad, palabras que definen al Peronismo en todas sus vertientes fueran a ser tomadas como un insulto en esa grey política fratricida. Falta que mañana se acusen de corruptos y autoritarios y esa fuerza se habrá desmadrado.
Este cruce no surge de un repollo, sino que es el síntoma más claro del colapso de las terminales de poder interno, donde la disputa por la conducción territorial y el armado de poder colisionan de manera frontal.
Las terminales kirchneristas endurecen el tono y marcan el terreno ante un gobernador que intenta consolidar autonomía, transformando la gestión cotidiana en un ring de supervivencia política.
La fractura expuesta que motoriza Mayra Mendoza contra Axel Kicillof confirma que el peronismo bonaerense entró en una fase de purificación violenta donde los matices dejaron de existir.
No hay lugar para tibiezas ni acuerdos de cúpula cuando la disputa por el bastión principal del país se define a los codazos. La jugada está hecha: romper para reconfigurar o autodestruirse en el intento.
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