Milei, su Soberbia Criminal y la Suma de Todos los Odios

Durante su exposición del 20 de agosto de 2026 en la 23ª edición de la conferencia organizada por la Americas Society – Council of the Americas y la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, el presidente utilizó la asimetría del atril para validar las pulsiones punitivas de su base más fiel.
Lejos de limitarse a la presentación de indicadores macroeconómicos, el mandatario operó con absoluta displicencia hacia los sectores populares, ratificando un modelo donde la exclusión del adversario no es un daño colateral, sino un pilar fundamental.
Bajo la retórica de la “destrucción creativa”, el relato oficial naturaliza la quiebra de unidades productivas y la precarización laboral. Cualquier actor incapaz de sostenerse en el esquema vigente es estigmatizado como un “prebendario” merecedor de la marginación, clausurando el pluralismo y reduciendo la complejidad social a una disputa maníquea de índole moral entre el mercado y el Estado.
En el mismo foro, el mandatario recurrió a ataques contra la interrupción voluntaria del embarazo para culpar a las conquistas de género de la caída en la natalidad, desatendiendo por completo la crisis material que su propio plan económico provoca. El Estado despliega un intervencionismo punitivo para forzar nacimientos, pero desaparece al momento de garantizar las condiciones mínimas para una infancia digna, transformando la crianza en un privilegio de clase.
Esta soberbia discursiva encuentra su correlato institucional en la abierta desobediencia al orden legal. La reciente audiencia de conciliación convocada por el juez federal Martín Cormick (con rectores del CIN, gremios y la Secretaría de Políticas Universitarias) desnudó una anomalía peligrosa: el Ejecutivo ha decidido que su agenda está por encima de la Ley de Financiamiento Universitario y de los fallos de la Corte Suprema que exigen actualizar salarios docentes y recomponer programas como el Progresar.
Desafiar al Congreso y desoír los mandatos judiciales no es liberalismo; es una regresión despótica que pisotea el contrato social.
¡Vamos a los Informes!

La soberbia institucional y el ensañamiento económico no hacen más que evidenciar la fragilidad de un experimento que confunde autoridad con autoritarismo.
Cuando el Poder Ejecutivo decide qué leyes cumple y cuáles desecha, no está saneando las cuentas públicas: está demoliendo las bases de la convivencia democrática.
La historia demuestra que ningún orden sostenido sobre el desprecio y la exclusión permanente puede perdurar sin fracturar definitivamente la Nación que asegura representar.
Views: 3

