La hipocresía de la Cruzada Antiderechos de Milei

Durante su exposición en el Council of the Americas, el Presidente recurrió a una de sus habituales embestidas al mofarse de los “pañuelitos verdes” y culpar cínicamente a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo de la caída en la natalidad, desatendiendo por completo la profunda crisis material generada por su propio plan económico.
Esta postura deja al descubierto una hipocresía estructural:
- Intervencionismo punitivo: El Estado despliega todo su poder normativo para restringir la autonomía corporal y forzar nacimientos, utilizando una retórica moralista que culpa a las conquistas de género por los desequilibrios demográficos.
- Abandono y privatización: Una vez nacido el niño, el dogma libertario se desentiende de cualquier responsabilidad social. Bajo la premisa de que “el Estado no tiene por qué mantener a nadie”, se desmantelan las redes de contención y se traslada el costo total de la subsistencia a los hogares.
- La familia como fusible: Al eliminar la asistencia social, el modelo utiliza a la estructura familiar como un amortiguador precario. Esto obliga a las familias a postergar o cancelar la decisión de tener hijos ante la imposibilidad material de criarlos, saboteando paradójicamente el propio deseo demográfico del Gobierno.
En definitiva, mientras desde el atril corporativo se promueve el escarnio ideológico y se exige procreación a fuerza de dogma, el Estado desaparece al momento de garantizar condiciones mínimas para una infancia digna, transformando la crianza en un privilegio más de clase.
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