Las barbaridades de un Presidente que se cree un Monarca

La gestión de Milei se mueve en una contradicción absoluta: el intervencionismo absoluto sobre los cuerpos y la libertad de los ciudadanos, frente al abandono total de sus responsabilidades materiales.
- La represión como método de gobierno: El pasado 6 de agosto, durante el tratamiento de la “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, el despliegue policial frente al Congreso no fue una respuesta a un peligro real, sino un acto de exhibición de fuerza contra manifestantes pacíficos,. Mientras el presidente permite la libre circulación de fuerzas extranjeras en nuestros mares (como los navíos británicos Forth y Medway), saca las tanquetas chinas Don Feng Mengji CSK131 a la calle para amedrentar a su propia gente,. El objetivo es claro: construir un enemigo imaginario para justificar la represión y el control social, mientras los medios masivos (con TN a la cabeza) validan el libreto oficial con imágenes editadas que intentan justificar lo injustificable,.
- La hipocresía sobre la vida: Por otro lado, Milei y su equipo promueven un discurso moralista sobre la natalidad, culpando a las leyes de derechos reproductivos de una crisis demográfica que, en realidad, comenzó hace una década. Exigen que la población tenga hijos pero, al mismo tiempo, desfinancian la Asignación Universal por Hijo, recortan la salud pública y abandonan a las familias a su suerte en un mercado privatizado,. Es la perversión del modelo libertario: el Estado se vuelve un monarca inquisidor que controla la reproducción, pero se retira por completo cuando se trata de garantizar que esos niños tengan comida, educación y salud.
¡Vamos a los informes!

Javier Milei no está destruyendo al Estado; lo está convirtiendo en una herramienta de coerción al servicio de pocos. La paradoja es total: un gobierno que pregona la “libertad” pero que necesita de tanquetas en la puerta del Congreso para sentirse seguro, y que exige que el Pueblo se multiplique mientras desmantela todas las condiciones materiales para que esa vida sea posible.
El “anarcocapitalista” resultó ser un monarca que confunde el ejercicio del poder con el derecho a aplastar las disidencias. Pero la realidad, tarde o temprano, termina desarmando los relatos digitales.
La plaza, los heridos por la represión y la caída en la calidad de vida de las familias argentinas no son “enemigos imaginarios”: son las huellas reales de una gestión que ha decidido darle la espalda al Pueblo para sostener sus propios delirios de grandeza.
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