Locomoción TV – Noticias #113

El Poder y las Violencias hacia las mujeres

La metodología de amedrentamiento se despliega en dos frentes que, aunque parezcan distantes, comparten la misma matriz de protección al poderoso.

  • El brazo represivo del Estado: En La Plata, el gobernador Axel Kicillof ha demostrado que su lealtad no está con las víctimas, sino con la lógica patronal. En vísperas de una protesta social, desplegó tropas de infantería contra trabajadoras del Astillero Río Santiago que habían sido despedidas precisamente por denunciar violencia de género. La respuesta al reclamo pacífico fue el hostigamiento policial, confirmando que para el peronismo bonaerense, cuando el agresor es de su facción, la violencia institucional es la herramienta de respuesta preferida.
  • El blindaje mediático: Paralelamente, el aparato informativo (con Página/12 a la cabeza) perfecciona la “revictimización preventiva”. En el caso que involucra a Facundo Moyano, el medio no dudó en utilizar su portada para desviar la atención bajo titulares bizarros, transformando una denuncia por violencia en un “final de fiesta”. La estrategia es clara: explotar el estado de shock de la víctima para instalar falsas declaraciones, filtrar actas reservadas y sembrar dudas que eventualmente busquen la nulidad de la causa. No es periodismo, es una operación para salvar al macho de turno, utilizando el secreto de sumario como un arma de encubrimiento.

¡Vamos a los informes!

Lo que vemos en estos casos no es una suma de errores aislados, sino un sistema aceitado. Desde la infantería que rodea a las denunciantes en La Plata hasta los portales que “reeditan” la realidad digital para proteger a un dirigente, la finalidad es única: el sostenimiento del privilegio masculino.

El poder político, sin importar su color, y los medios que viven de su pauta, han comprendido que la mejor manera de mantener el status quo es deslegitimar a la mujer que se atreve a denunciar.

Mientras el expediente judicial intenta avanzar sobre pruebas físicas, el poder mediático ya dictó su sentencia de impunidad. La pregunta que queda, y que el sistema busca evitar a toda costa, es: ¿Hasta cuándo seguiremos permitiendo que el poder utilice la violencia contra las mujeres como un daño colateral de sus propios negocios?

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