
Tal como ya se advirtió de manera sistemática al analizar la matriz de amedrentamiento y hostigamiento contra Melody Rakauskas, los dispositivos de protección corporativa y política no tardan en activar su manual de impunidad ante denuncias por violencia de género. Sin embargo, el aparato mediático y parapolicial ha roto sus propios récords de velocidad: en el caso de Candela Arizaga, se tomaron apenas horas para estructurar una operación de prensa revictimizante basada en la falsificación de los hechos.
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