Locomoción TV – Noticias #111

EL MUNDIAL DEL ODIO LO GANARON LOS QUE LUCRAN CON ÉL

En este segundo bloque exponemos cómo el negocio del fútbol y la industria del entretenimiento explotan el racismo, la violencia y la censura moral para facturar millones mientras persiguen el sentimiento popular y la memoria soberana.

En primer lugar, analizamos las tristes reacciones del trollaje y las usinas digitales oficialistas tras la final del Mundial de Fútbol. Ante la derrota frente a España, los pauteros del Estado salieron en tropel a buscar chivos expiatorios: teorías mufas, ataques racistas dirigidos a futbolistas europeos e insultos al arbitraje. Una pirotecnia del odio pensada para distraer de la miseria económica cotidiana y no asumir la realidad material, prefiriendo la trinchera del prejuicio antes que aceptar los hechos desnudos.

En segundo término, abordamos el negocio de las celebridades del Star System hollywoodense y europeo, como Samuel Jackson y Javier Bardem, quienes utilizan las luchas contra el racismo y los estereotipos para engordar sus cuentas bancarias mientras emiten lecciones morales sobre la Argentina. Un modelo mercantil de «postureo ético» que choca de frente con la lealtad y la soberanía cultural que demostró en su momento Ricardo Darín al rechazar los papeles clisé de la industria imperial.

Por último, desenmascaramos la hipocresía de los escritorios del fútbol sudamericano y nacional. Por un lado, la CONMEBOL muestra un celo censor e implacable contra la hinchada de Tigre por colgar una bandera de la Causa Malvinas —mientras hace la vista gorda ante el tiroteo a los micros de sus hinchas en Uruguay—, y por el otro, la AFA de Claudio “Chiqui” Tapia enfrenta en Estados Unidos severas investigaciones judiciales e incautaciones del FBI por tramas opacas de lavado y contratos millonarios.

¡Vamos a los informes!

Desde las usinas del trollaje estatal hasta las alfombras rojas de Hollywood y los sillones corruptos de Luque y Viamonte, el patrón es idéntico: lucrar con las pasiones, lucrar con el odio y perseguir a todo aquel que no se someta a su libreto.

Venden diversidad pero cobran en dólares, persiguen pancartas de Malvinas por «políticas» mientras miran para otro lado cuando corren balas contra la gente en la ruta, y se envuelven en la bandera para tapar causas penales e incautaciones de la justicia internacional.

A este cartel de mercenarios del espectáculo y dirigentes de escritorio hay que cantarles la envido con la verdad: el negocio de la desinformación y el saqueo popular se les está empezando a desmoronar.

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