¡¡¡CORRUPTOS DEL FÚTBOL, UNÍOS!!!

CONMEBOL: Celeridad para sancionar, silencio para encubrir

La Confederación Sudamericana de Fútbol, bajo la conducción de Alejandro Domínguez, vuelve a exhibir su habitual miopía ética y su subordinación servil a los dictados de los escritorios continentales y europeos. Pretender sancionar al Club Atlético Tigre por el despliegue de una bandera alusiva a la soberanía de las Islas Malvinas bajo el gastado pretexto del Código Disciplinario (“evitar la propaganda política”), configura una provocación institucional que indigna.

Para la burocracia radicada en Luque, la memoria colectiva sudamericana representa una infracción reglamentaria. Sin embargo, la mayor contradicción no reside solo en su pretendida neutralidad frente a los reclamos soberanos de la Argentina, sino en la flagrante incoherencia de su propia sede administrativa y en su complacencia ante la violencia real:

  • La impunidad de la balacera a los hinchas de Tigre: Mientras los burocráticos expedientes de la CONMEBOL avanzan a velocidad luz para aplicar multas económicas y cierres de estadio por la pancarta de Malvinas, el organismo optó por un absoluto y cómplice silencio frente al atentado sufrido por la parcialidad de Tigre en Uruguay. Los micros que trasladaban a la gente de Victoria tras el encuentro ante Nacional fueron emboscados en la Ruta 1 y acribillados a balazos, dejando saldo de daños materiales y simpatizantes heridos por arma de fuego. Sobre esta falla de seguridad gravísima en un certamen oficial, la CONMEBOL no abrió investigación de oficio ni emitió sanción alguna para los locales. La seguridad física del hincha no cotiza en su planilla; la censura ideológica, sí.
  • La paradoja de la sede y el Estadio Defensores del Chaco: La CONMEBOL organiza de manera sistemática encuentros continentales en el Estadio Defensores del Chaco, ubicado en el barrio Sajonia de Asunción, a tan solo 19,6 kilómetros de la propia sede central del organismo en Luque. Se trata de un recinto bautizado en homenaje explícito a los combatientes paraguayos de una contienda bélica que enfrentó a dos naciones hermanas (Paraguay y Bolivia). ¿Por qué la denominación de un estadio que conmemora un conflicto armado no vulnera la “neutralidad política” de la entidad, pero la reivindicación de un territorio argentino usurpado por una potencia colonialista sí merece condena? Si la CONMEBOL fuera consecuente con sus reglamentos, debería exigir la alteración del nombre del histórico estadio paraguayo para “no herir susceptibilidades” de la Federación Boliviana de Fútbol, o autocastigarse financieramente por cada partido allí disputado.

El doble estándar demuestra que la “neutralidad” esgrimida no es más que una herramienta selectiva para complacer al poder centralizado, tapar los desmanes de sus socios y disciplinar el sentimiento popular de los clubes de la región.

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