A modo de cierre (por ahora)

El recorrido por los expedientes judiciales, los registros fotográficos y el archivo de las calles permite extraer una conclusión concluyente: la virulenta reaparición de Raúl Padró en los pasillos de la Capital no es un hecho aislado, sino el manotazo de ahogado de un entramado reaccionario que ve amenazado su último gran enclave de impunidad legal en Mar del Plata.
Al verse acorralado el juez Alfredo López ante el Consejo de la Magistratura de la Nación, la periferia neofascista activó de inmediato a su vieja mano de obra desocupada para intentar forzar mediante la prepotencia física y las amenazas lo que ya tienen perdido en el terreno del derecho.
La maniobra de posverdad que hoy inunda sus plataformas virtuales (pretendiendo disfrazar un burdo escrache institucional de “épica antisionista”) es la confirmación de su absoluta decadencia ideológica. Al colgarse de forma oportunista de la bandera del Pueblo Palestino para camuflar su judeofobia militante, solo logran confirmar que sus bibliotecas siguen nutriéndose de los mismos libelos de odio que históricamente descansaron junto a Mein Kampf en los mostradores más oscuros de la Autónoma.
Es una farsa discursiva que no resiste el menor análisis histórico y que choca de frente contra la memoria de quienes defendemos los Derechos Humanos.
Los hechos documentados exponen la verdadera naturaleza de estos personajes: combinan la agresividad verbal en entornos protegidos o a puertas cerradas con una profunda cobardía operativa cuando la movilización popular les planta cara en el territorio.
El Waterloo de Carlos Pampillón el 29 de noviembre de 2025 en la Plaza de Mayo (ingresando de rodillas por la puerta de la AFI para terminar confinado en el Área de Seguridad de Estado bajo el amparo policial), sumado a la deserción absoluta de un Padró que ni siquiera se animó a pisar la plaza, son la prueba empírica de que esta patota carece de sustento en la calle.
Como bien dejó asentado la conducción doctrinaria del justicialismo, en la política se vuelve de todo, menos del ridículo. Y de la cobardía televisada, este club de marginales nazis no vuelve más.
La moneda está en el aire en el Consejo de la Magistratura. Los alegatos técnicos del senador Luis Juez y Alberto Maques han dejado al desnudo un prontuario inaceptable para cualquier magistrado de la Nación. Corresponde ahora a las instituciones resolver si convalidan el hostigamiento racial y la apología del delito desde un despacho federal, o si dictan una sentencia ejemplar que devuelva a este liliputense dinosaurio de tres cabezas al ostracismo definitivo del que nunca debió salir.
Nosotros, desde la vereda de la memoria y la coherencia, seguiremos investigando e informando, nunca descuidando.
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